<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="2.0">    <channel>        <title>Quedad@s</title>        <description><![CDATA[Somos 3 psicólogas de 3 áreas distintas, y que viven en 3 lugares diferentes, pero que queremos seguir haciendo algo que nos gusta,juntas. Y aquí, estamos, NOSOTRAS_TRES, las quedadas. ¿Quieres ser un/una quedad@ más?]]></description>        <link>http://quedadas.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Wed, 02 Jul 2008 12:44:59 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Bandura and the Bobo doll experiment</title>            <link>http://quedadas.blogcindario.com/2008/07/00057-bandura-and-the-bobo-doll-experiment.html</link>            <description><![CDATA[<p><strong>Albert Bandura's 1961 "Bobo Doll" experiment is one of the most famous in psychology's history. <br /><br />Below you can watch the next video narrated by himself.</strong><br /><br /><embed src="http://www.youtube.com/v/pDtBz_1dkuk&amp;hl=en" width="425" height="344" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" allowfullscreen="true"></embed><br /><br /><strong>In this experiment, Bandura demonstrated that children learn and imitate behaviors they have observed in other people. The children in Bandura&rsquo;s studies observed an adult acting violently toward a Bobo doll. When the children were later allowed to play in a room with the Bobo doll, they began to imitate the aggressive actions they had previously observed. Originally published in the <em>Journal of Abnormal and Social Psychology</em>, the study served as important experiment on Bandura's social learning theory.</strong></p>]]></description>            <pubDate>Wed, 02 Jul 2008 12:44:59 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>LA ESPIRAL DEL MOBBING de Miguel Barón, Lourdes Munduate y Mª José Blanco</title>            <link>http://quedadas.blogcindario.com/2008/06/00053-la-espiral-del-mobbing-de-miguel-baron-lourdes-munduate-y-m-jose-blanco.html</link>            <description><![CDATA[<p align="justify">El mobbing o acoso psicol&oacute;gico en el trabajo ha sido descrito como "el t&oacute;pico de investigaci&oacute;n de los a&ntilde;os 90" (Hoel, Rayner y Cooper, 1999), y tanto la relevancia del concepto como la investigaci&oacute;n al respecto no ha disminuido con la entrada del siglo XXI. Por pr&aacute;cticas de mobbing se entienden las provocaciones constantes, presiones, amenazas, humillaciones y, en general, aquellas conductas persistentes que suscitan malestar sobre las personas afectadas (Mathiesen y Einarsen, 2001). Si bien los datos sobre las personas hostigadas en su lugar de trabajo resultan alarmantes, merece destacarse que esta situaci&oacute;n afecta tambi&eacute;n considerablemente a las personas que sin ser las v&iacute;ctimas del mismo, observan episodios de acoso en su lugar de trabajo. De hecho, se ha hallado que ser testigo de acoso es un predictor muy significativo del estr&eacute;s general y de las reacciones al mismo (Vartia, 2001).</p><p align="justify">Desde una perspectiva general sobre la din&aacute;mica de las organizaciones, ejercer poder, a trav&eacute;s de diversos m&eacute;todos de influencia, para conseguir que las conductas de las personas que trabajan se adscriban a los par&aacute;metros deseados por la propia organizaci&oacute;n ha sido y sigue siendo una pr&aacute;ctica habitual, enmarcada en el proceso de socializaci&oacute;n laboral (Hardy y Clegg, 1996; Munduate y Gravenhorst, 2002). Un cierto nivel de conflicto derivado de la adaptaci&oacute;n a nuevos roles, del ejercicio del mando o de la divergencia de intereses, es inherente a las relaciones que se establecen entre las personas en la organizaci&oacute;n. No obstante, esta circunstancia se utiliza, en ocasiones, para encubrir aquellas pr&aacute;cticas de hipot&eacute;tica socializaci&oacute;n o integraci&oacute;n, que van mas all&aacute; de lo admisible, lesionando gravemente la integridad, la moral y la salud del trabajador, bien por intereses del empleador, de los mandos en los que se delega la autoridad o del propio grupo de trabajo en el que se integra el empleado. En la actualidad se estima que un 8% de los trabajadores de la Uni&oacute;n Europea son permanentemente v&iacute;ctimas del acoso moral en el lugar de trabajo (Anderson, 2001a). </p><p align="justify">La investigaci&oacute;n desarrollada sobre los efectos del mobbing indica que esta situaci&oacute;n reduce la salud psicol&oacute;gica y f&iacute;sica de sus v&iacute;ctimas y afecta negativamente su bienestar y la eficiencia de otros empleados; al mismo tiempo que asciende la negligencia, el absentismo y las bajas por enfermedad (para una revisi&oacute;n ver Zapf y Einarsen, 2001).</p><p align="justify">A la &iacute;ndole inmoral de los objetivos, la naturaleza perversa de los medios y las funestas consecuencias que acarrea para la salud y el bienestar de la v&iacute;ctima, habr&iacute;a que sumar los perjuicios colaterales hacia las familias de los afectados, la disminuci&oacute;n de la eficacia de las organizaciones laborales y el coste econ&oacute;mico que reporta para los recursos sociales de un pa&iacute;s. Procurar evitar el ejercicio del poder en las relaciones asim&eacute;tricas, mediante el acoso moral o psicol&oacute;gico, es tarea de todos aquellos que puedan aportar conocimientos y estrategias para afrontar situaciones de indefensi&oacute;n en el trabajo (investigadores, legisladores, empresarios, sindicatos, colegios profesionales, etc.). </p><p align="justify">El presente trabajo quiere invitar a la reflexi&oacute;n sobre la relevancia de este fen&oacute;meno en el &aacute;mbito laboral, y su evoluci&oacute;n en la persona afectada. Tambi&eacute;n pretende informar sobre las bases de poder en las que puede apoyarse el ejercicio del acoso y plantear, en &uacute;ltimo lugar, los posibles recursos de afrontamiento por parte de las personas afectadas.</p><strong><p align="justify">DELIMITACI&Oacute;N DEL FENOMENO DEL MOBBING</p></strong><p align="justify">El concepto de mobbing fue popularizado por el psic&oacute;logo sueco Heinz Leymann, en la d&eacute;cada de los 80, que retom&oacute; las observaciones realizadas con anterioridad por el etn&oacute;logo Konrad Lorenz, aplic&aacute;ndolas al estudio de la conducta humana en las organizaciones laborales.</p><p align="justify">Como indica Anderson (2001a), no parece que se haya adoptado una definici&oacute;n internacional de acoso moral en el lugar de trabajo. No obstante, las definiciones que se han ido elaborando por parte de diversos investigadores y organismos internacionales, han ido circunscribiendo progresivamente este fen&oacute;meno. La definici&oacute;n aceptada por la legislaci&oacute;n sueca, y elaborada por la Agencia Sueca para la Mejora del Entorno Laboral (AFS) (1993), lo describe como una serie de acciones recurrentes censurables o claramente negativas que van dirigidas contra empleados concretos de manera ofensiva y pueden tener como consecuencia la marginaci&oacute;n de estos empleados de la comunidad laboral. De un modo similar, investigadores que han estudiado ampliamente el fen&oacute;meno, como Einarsen (2000) y Einarsen y Skogstad (1996), indican que el<em> </em>mobbing se produce cuando alguien, persistentemente durante un per&iacute;odo de tiempo, es objeto de acciones negativas por parte de otra u otras personas, en una situaci&oacute;n en la que el blanco de estas actuaciones, por diversas razones, se encuentra con dificultades para defenderse de las mismas. Mediante estas definiciones se especifica que el mobbing no se refiere a un incidente aislado. De hecho, la definici&oacute;n operacional adoptada por Leyman (1996), establece que una persona es objeto de mobbing si se encuentra expuesta al menos a una actuaci&oacute;n negativa cada semana, durante un per&iacute;odo m&iacute;nimo de seis meses.</p><p align="justify">Se describe, por tanto, el fen&oacute;meno como una conducta hostil o intimidatoria que se practica hacia un trabajador desde una posici&oacute;n jer&aacute;rquica superior o desde un grupo de iguales hacia los que &eacute;ste mantiene una subordinaci&oacute;n de hecho. Dicha conducta hostil es reiterativa y persistente en el tiempo, llegando a adoptar m&eacute;todos de influencia muy diversos, que van desde la infravaloraci&oacute;n de las capacidades del trabajador, hasta su desbordamiento por la asignaci&oacute;n de tareas irrealizables, pasando por agresiones como la ocultaci&oacute;n de informaci&oacute;n, la difamaci&oacute;n o el trato vejatorio. </p><p align="justify">El objeto del Mobbing es la adscripci&oacute;n de la conducta de la v&iacute;ctima a los intereses de la figura o figuras que lo ejercen, coincidentes o no con los de la propia organizaci&oacute;n, llegando a provocar en su m&aacute;ximo nivel el vac&iacute;o organizacional del acosado, con las l&oacute;gicas consecuencias que ello comporta para su bienestar f&iacute;sico, psicol&oacute;gico y social, tanto dentro de la organizaci&oacute;n laboral, como fuera de ella.</p><strong><p align="justify">LA EVOLUCI&Oacute;N DEL PROCESO</p></strong><p align="justify">Desde el punto de vista organizacional, Leymann (1996) refleja cuatro etapas t&iacute;picas en el desarrollo del acoso moral, al que se adscriben, en gran medida, las pautas de desarrollo de la mayor&iacute;a de los procesos de acoso.</p><p align="justify">- La aparici&oacute;n de alg&uacute;n incidente cr&iacute;tico.</p><p align="justify">- La persecuci&oacute;n sistem&aacute;tica.</p><p align="justify">- La intervenci&oacute;n de los superiores.</p><p align="justify">- El abandono del trabajo.</p><p align="justify">Desde un enfoque centrado en la persona objeto del acoso, este continuo conflicto, en el que se ve inmersa, atraviesa tambi&eacute;n cuatro fases totalmente enlazadas y vivenciadas con una carga tan elevada de sentimientos de impotencia, que conduce en gran medida a poner en peligro la salud, llegando en casos extremos a un final autolesivo, con consecuencias irreparables para la v&iacute;ctima. </p><p align="justify">Si bien Leyman (1996) ha analizado al objeto de hostigamiento como una v&iacute;ctima aislada, diversos estudios han mostrado que s&oacute;lo una minor&iacute;a de afectados informa haber sido objeto de acoso individualmente, mientras que una mayor&iacute;a informa que ha compartido su experiencia con algunos de sus compa&ntilde;eros e incluso, en algunos casos, con todo su grupo de trabajo (Hoel, Cooper y Faragher, 2001; Liefooghe y Mackenzie, 2001; Rayner, 1997).</p><p align="justify">Analizamos a continuaci&oacute;n las fases desarrolladas por Leyman (1996), desde la perspectiva del blanco del acoso, identificando como v&iacute;ctima tanto a una persona aislada como a un grupo de trabajo en su conjunto.</p><strong><em><p align="justify">Primera fase. Se inicia el acoso psicol&oacute;gico</p></em></strong><p align="justify">Ante las presiones iniciales de hostigamiento psicol&oacute;gico en el trabajo, el primer s&iacute;ntoma de las v&iacute;ctimas es <em>la desorientaci&oacute;n. Las personas que esperan el apoyo y el acogimiento de la organizaci&oacute;n</em>, de <em>"su empresa</em>", no se explican el <em>por qu</em>&eacute; de la presi&oacute;n, pero no act&uacute;an contra ella, confiando en que m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano la presi&oacute;n pasar&aacute; y contar&aacute;n con la buscada integraci&oacute;n en el proyecto de la organizaci&oacute;n.</p><p align="justify">Si el hostigamiento, el acoso, contin&uacute;a, la persona o el grupo objeto del mobbing, comienza a preguntarse en qu&eacute; ha fallado, qu&eacute; tiene que hacer para que el hostigamiento cese. Empieza a reflexionar sobre sus propios errores y a insistir reiterativamente en el an&aacute;lisis de los mismos. La excesiva preocupaci&oacute;n tiende a producir <em>trastornos del sue&ntilde;o</em> e <em>ideaci&oacute;n recurrente</em>, en muchas de estas personas. En este punto puede que se manifiesten los primeros signos de <em>ansiedad</em> en relaci&oacute;n con el mantenimiento del estatus laboral y algunas <em>alteraciones de los h&aacute;bitos alimenticios</em>.</p><p align="justify">A estas alturas, la v&iacute;ctima -tanto si es una persona aislada o un grupo de trabajo- ya ha identificado a su acosador, aunque no necesariamente a la verdadera fuente de influencia. En un intento de cese de la presi&oacute;n, casi con toda probabilidad se ha dirigido a dicha figura, esperando un entendimiento, una rectificaci&oacute;n o una soluci&oacute;n no demasiado llamativa, con idea de no verse perjudicada por una especie de pulso o juicio p&uacute;blico contra el acosador.</p><p align="justify">En su encuentro con el acosador se ver&aacute; sometida al dilema de ceder a las seguramente inadmisibles pretensiones del acosador o tener que enfrentarse a un acoso de mayor intensidad y persistencia, con frecuentes amenazas condicionadas por parte del hostigador ante una denuncia p&uacute;blica del asunto.</p><p align="justify">La v&iacute;ctima se encuentra en un &lsquo;impasse&rsquo;, buscando la manera de resolver el problema, sin que se perjudiquen sus intereses en la organizaci&oacute;n, esto es, su puesto de trabajo o estatus laboral. Para ello tiende a recurrir a sus relaciones m&aacute;s cercanas, esperando la ayuda necesaria y encontrando una incomprensi&oacute;n del problema o una falta de contribuci&oacute;n en la direcci&oacute;n resolutiva del mismo. En este momento se siente totalmente aislada, ante el acosador y ante su responsabilidad para con la organizaci&oacute;n laboral, temiendo adem&aacute;s que dicha relaci&oacute;n con su organizaci&oacute;n se deteriore, con el consiguiente perjuicio que ello puede ocasionarle.</p><p align="justify">La persona acosada se debate entre dos alternativas. Por un lado, la negaci&oacute;n del problema, por su incredulidad ante la situaci&oacute;n ("&iquest;C&oacute;mo me esta pasando esto a m&iacute;?", "&iquest;Ser&aacute; cuesti&oacute;n de dejar pasar un tiempo?"...). Esta alternativa muestra una tendencia a no ampliar la puesta en conocimiento del problema, fuera del c&iacute;rculo de personas que se considera exclusivamente necesario, y que normalmente se cifra en los m&iacute;nimos posibles. Por la esperanza que a&uacute;n mantiene la persona o grupo acosado de resolver la situaci&oacute;n en un breve plazo y del modo m&aacute;s discreto posible, la segunda alternativa considera la necesidad de un enfrentamiento abierto hacia el acosador, con el riesgo impl&iacute;cito de que el conflicto se generalice a la opini&oacute;n p&uacute;blica del resto de la organizaci&oacute;n. Ser&aacute; &eacute;sta la primera <em>tela de ara&ntilde;a</em> en la que se vera atrapada la persona o el grupo acosado, y &eacute;ste uno de los momentos cruciales para acabar con el acoso sin que todav&iacute;a se produzcan da&ntilde;os dif&iacute;ciles de reparar.</p><strong><em><p align="justify">Segunda fase. Se abre el conflicto</p></em></strong><p align="justify">Como sucede en la primera fase del hostigamiento, la siguiente fase tambi&eacute;n es propiciada por el acosador, y se caracteriza por una graduaci&oacute;n m&aacute;s incisiva del acoso psicol&oacute;gico hacia la v&iacute;ctima, con el objetivo de intimidar a la misma y hacerle notar que cualquier movimiento para defenderse de su acosador s&oacute;lo conseguir&aacute; acrecentar el hostigamiento. A veces estas reacciones de incremento de la presi&oacute;n, se acompa&ntilde;an incluso de amenazas condicionadas, de car&aacute;cter punitivo, dirigidas expl&iacute;citamente hacia el estatus o la seguridad laboral del acosado.</p><strong><em><p align="justify">Tercera fase. La intervenci&oacute;n de los superiores</p></em></strong><p align="justify">Ante este incremento de la presi&oacute;n, la persona o el grupo acosado puede recurrir a algunas personas de la organizaci&oacute;n que pudieran ayudarle a afrontar el problema - generalmente personas con cierto ascendiente o capacidad de influencia en la organizaci&oacute;n como otros superiores, representantes de personal, representantes sindicales, etc. Todav&iacute;a, y con el objeto de que no le reporte perjuicios laborales, la v&iacute;ctima busca que el asunto no sea de conocimiento p&uacute;blico, lo que suele ser argumento justificativo suficiente como para que las respuestas de estos nuevos participantes del problema sean de acogida positiva, pero inoperantes.</p><p align="justify">Comienzan los primeros <em>sentimientos de rechazo</em> y de <em>marginaci&oacute;n</em>; el acosado individualmente o con las personas con las que comparte la experiencia de mobbing- comienza a <em>sentirse aislado</em> y a los iniciales s&iacute;ntomas de ansiedad, se suceden los primeros <em>sentimientos de culpa</em> y con ello algunos <em>brotes depresivos</em>. Poco a poco se va minando su fortaleza, ante la persistente presi&oacute;n del acoso y la falta de medios para afrontarlo.</p><p align="justify">Si la persona o el grupo afectado se repliega en s&iacute; misma y se dispone <em>a aguantar todo lo que sea necesario</em>, se puede identificar en esta fase que la v&iacute;ctima se ha dejado atrapar por una segunda tela de ara&ntilde;a y que con ello ha entrado directamente en lo que denominamos <em>la espiral del Mobbing</em> (Fig. 1). Esta espiral se caracteriza por un bucle de retroalimentaci&oacute;n negativa en el que, la <em>presi&oacute;n del acoso</em> incidiendo en los <em>s&iacute;ntomas patol&oacute;gicos,</em> y &eacute;stos en la <em>ineficacia de la respuesta laboral</em>, justifican y refuerzan el hostigamiento de manera progresiva, llegando a agravar el problema hasta hacerlo insostenible.</p><p align="justify">En esta etapa, la v&iacute;ctima comienza a <em>perder inter&eacute;s por su tarea</em>, precisamente aquello que le ha hecho aguantar el acoso, permutando este inter&eacute;s por la preocupaci&oacute;n por su salud. Ante esta situaci&oacute;n se inicia, habitualmente, un "v&iacute;a crucis" por las consultas de los diversos profesionales sanitarios, comenzando normalmente por el m&eacute;dico de familia, el m&eacute;dico de empresa o alg&uacute;n conocido que pueda proporcionar <em>alg&uacute;n remedio para una crisis puntual.</em> Esta etapa puede concluir en la consulta del psiquiatra o del psic&oacute;logo, dada la imprecisi&oacute;n del cuadro fisiol&oacute;gico presentado.</p><p align="justify">En esta fase del proceso, la v&iacute;ctima resulta ser un candidato id&oacute;neo para la elaboraci&oacute;n de s&iacute;ndromes psicopatol&oacute;gicos (trastornos obsesivos, bipolar, depresi&oacute;n, ansiedad,...), provocados por el mobbing o reactivados por el mismo.</p><p align="justify">La persona acosada u hostigada, sin fuerzas ya para afrontar el problema, comienza a preocuparse por un problema mayor, <em>su deteriorado estado de salud</em>, cuya evoluci&oacute;n se hace contingente con el comienzo del <em>deterioro de su plano social</em> (conflictos familiares, p&eacute;rdida de amistades,...), adem&aacute;s de manifestar un rendimiento laboral o profesional totalmente inadecuado a lo que se espera de su puesto de trabajo, y cierta <em>propensi&oacute;n a conductas de tipo distractorio y adictivo</em> (abuso del consumo de alcohol, del tabaco, consumo de drogas y psicof&aacute;rmacos, etc.). El recurrir a una incapacidad laboral transitoria resulta casi inevitable.</p><p align="justify">Cuando se llega a esta situaci&oacute;n, se puede decir que el acosador dispone de una oportunidad perfecta para conseguir su objetivo de perjudicar a la v&iacute;ctima, ya que el acosado se est&aacute; <em>autolesionando</em>, sin que &eacute;ste primero tenga que desgastarse personal o p&uacute;blicamente. En &eacute;ste momento del hostigamiento, la v&iacute;ctima, que ya lo es, necesita verdadera ayuda, una ayuda de impacto y una ayuda urgente. De no producirse, las consecuencias llegan, en el mejor de los casos, al abandono del puesto de trabajo, con el agravante de una enfermedad a&ntilde;adida, o a consecuencias todav&iacute;a m&aacute;s graves, debido a ese progresivo deterioro f&iacute;sico, ps&iacute;quico y social que produce la <em>espiral del Mobbing</em>, en la que la persona acosada se encuentra atrapada.</p><strong><em><p align="justify">Cuarta fase. La huida</p></em></strong><p align="justify">Tanto la presi&oacute;n, como el deteriorado estado de salud del acosado, pueden llegar a hacer insostenible su presencia en el entorno laboral. La simple idea de volver al contexto laboral despu&eacute;s de una baja m&eacute;dica, de volver a experimentar las presiones que le llevaron a su estado actual, tiende a convertirse en algo terror&iacute;fico. La v&iacute;ctima del mobbing opta ya, cada vez con m&aacute;s seguridad, por buscar soluciones fuera del dominio de la organizaci&oacute;n laboral a la que todav&iacute;a pertenece. En el caso de que su historia laboral refleje una dedicaci&oacute;n de varios a&ntilde;os a su organizaci&oacute;n, su oficio o su profesi&oacute;n, o bien considere que ya es tarde para volver a empezar un nuevo camino profesional, su carrera tiende a concluir en una amarga prejubilaci&oacute;n del mundo del trabajo. En otros casos, de personas m&aacute;s j&oacute;venes, &eacute;stas siguen soportando la presi&oacute;n alg&uacute;n tiempo, hasta que su trabajo se vuelve puramente instrumental y se mantienen en la organizaci&oacute;n de una manera burocr&aacute;tica, en tanto les llega una oportunidad para poder marcharse, lo que suele ser infrecuente dadas las condiciones de precaria salud en la que tienden a encontrarse.</p><p align="justify">En definitiva, los m&uacute;ltiples sistemas de aplicaci&oacute;n del acoso psicol&oacute;gico en el trabajo, si se mantienen de forma sostenida sobre una persona o un grupo de personas que no tiene los recursos suficientes como para amortiguar sus influencias, pueden llegar a deteriorar su salud, con manifestaciones de diversos s&iacute;ntomas como conductas de evitaci&oacute;n, ideaci&oacute;n recurrente, desarrollo de fobias, alteraciones del sue&ntilde;o, etc. Efectivamente, la investigaci&oacute;n llevada a cabo en este &aacute;mbito ha mostrado la aparici&oacute;n de diferentes afecciones patol&oacute;gicas asociadas a situaciones de mobbing como las siguientes: <span style="text-decoration: underline;">alteraciones del estado de &aacute;nimo</span>, como el trastorno obsesivo, el trastorno bipolar, la depresi&oacute;n y la ansiedad (Agust y Beas, 2001; Gonz&aacute;lez de Rivera, 2001; Leymann, 1.997; Piles de la Fuente, 2001), <span style="text-decoration: underline;">conductas asociales</span> tendentes a adicciones relacionadas con el uso de las drogas, el consumo de tabaco y el abuso del alcohol (Cervera, et al. 2001; P&eacute;rez de Heredia, Gonz&aacute;lez y Ramirez, 2001) y <span style="text-decoration: underline;">conductas auto-lesivas</span>, como conflictos familiares, divorcios e incluso suicidios (Bobes, Gonz&aacute;lez y Sainz, 1998; Leymann, 1997) y hasta <span style="text-decoration: underline;">afecciones fisiol&oacute;gicas</span> como la hipertensi&oacute;n, trastornos dermatol&oacute;gicos, alteraciones digestivas y cierta propensi&oacute;n a incluir al sujeto en grupos de riesgo de accidentes vasculares y coronarios (Bruziches y Rinaldi 2000; D&rsquo;Elia 1997; Leymann, 1997; Mahler, Schmidt, Fartaschi, Loew y Diepgen 1998).</p><p align="justify">Nos encontramos, por tanto, ante situaciones laborales que se caracterizan por los elevados costos humanos, econ&oacute;micos y sociales, y cuyos indicadores m&aacute;s relevantes se pueden concretar en los siguientes aspectos: a) una p&eacute;rdida de potencial profesional para las organizaciones; b) un da&ntilde;o dif&iacute;cil de reparar en el estado de salud de la v&iacute;ctima; c) un probable deterioro de sus relaciones personales y familiares; y d) un inmenso costo de asistencia sanitaria y de pensiones asociadas.<strong> </strong></p><strong><p align="justify">EL EJERCICIO DEL PODER EN EL MOBBING</p></strong><p align="justify">Un correcto acercamiento al marco del afrontamiento del mobbing requiere analizar el ejercicio del poder, sus tipos y los m&eacute;todos de influencia con los que se desarrolla, y las relaciones que se establecen entre la v&iacute;ctima y el acosador. El acosador utilizar&aacute; poder para constre&ntilde;ir la conducta, la posici&oacute;n y hasta la propia persona del acosado. Resulta necesario, por tanto, conocer las peculiaridades del tipo de poder que se pone en juego en los casos de mobbing, con el objetivo de afrontarlas con m&aacute;s probabilidades de &eacute;xito.</p><p align="justify">Son diversas las acepciones y definiciones que podemos encontrar del poder. Nos decidimos por la cl&aacute;sica definici&oacute;n de Dalh (1957, p&aacute;g. 202-3) que establece que:<em>"El poder designa una capacidad que A tiene para influir en la conducta de B, de modo que B haga algo que de lo contrario no realizar&iacute;a".</em></p><p align="justify">Se desprenden de esta conceptualizaci&oacute;n, tres aspectos importantes que se matizan en relaci&oacute;n con el acoso psicol&oacute;gico en el trabajo, en los siguientes t&eacute;rminos:</p><dir><p align="justify">1. Existe un <strong><span style="text-decoration: underline;">potencial</span> </strong>en la parte que ejerce poder, que no necesariamente ha de desarrollarse. Es decir, el poder puede existir sin que se utilice. El poder es la <em>capacidad</em> de ejercer influencia. Se distingue aqu&iacute;, por tanto, entre <em>tener poder </em>y <em>ejercer poder</em>. <em>Tener poder</em> significa que se tiene capacidad de recortar los recursos que la otra parte necesita, mientras que <em>ejercer poder</em> significa que se recortan efectivamente dichos recursos. El poder como un potencial tiende a mantener equilibradas las relaciones entre las partes, debido al temor que las funestas consecuencias de su empleo puede acarrear para las partes implicadas. Es decir, el temor que suscita que su empleo pueda ser respondido, a su vez, por el empleo del poder de la otra parte. Esta caracter&iacute;stica del poder resulta de gran relevancia en las situaciones de mobbing, ya que el deterioro ocasionado por el acosador sobre la v&iacute;ctima, inhabilita las respuestas de enfrentamiento de &eacute;ste mediante el ejercicio de su propio poder. En las situaciones de mobbing, por tanto, el potencial se transforma frecuentemente en ejercicio de poder debido a la propia reacci&oacute;n de hu&iacute;da de la v&iacute;ctima.</p><p align="justify">2. Se establece una relaci&oacute;n de <strong><span style="text-decoration: underline;">dependencia</span></strong> de una de las partes hacia la que ejerce el poder. La relaci&oacute;n de dependencia se produce debido al control que el agente acosador ejerce sobre los recursos que la persona o grupo, que es el blanco del hostigamiento, necesita. Como se ha indicado con anterioridad, las situaciones de mobbing se dan, generalmente, en las relaciones asim&eacute;tricas de poder en las que tienden a encontrarse los subordinados o los grupos minoritarios, por ejemplo. </p><p align="justify">3. Es impl&iacute;cita la suposici&oacute;n de que la parte que no manifiesta el poder posee, inicialmente al menos, una cierta <strong><span style="text-decoration: underline;">libertad sobre su comportamiento</span></strong> para tomar decisiones. No obstante, se da una tendencia a que la v&iacute;ctima no utilice esa libertad hasta que no ha avanzado gravemente el proceso, siendo a veces irreparable el da&ntilde;o provocado. Ello se debe, en muchas ocasiones, a la incredulidad y a la falta de identificaci&oacute;n por parte de la v&iacute;ctima, de lo que esta sucediendo.</p></dir><p align="justify">De estas tres caracter&iacute;sticas definitorias, muy posiblemente el aspecto m&aacute;s importante se centra en la relaci&oacute;n de dependencia (Emerson, 1962; Munduate y Mart&iacute;nez, 1998; Robbins, 1987), de forma que cuanto mayor sea la dependencia de B respecto de A, mayor poder tendr&aacute; A sobre B, y por tanto mayor ser&aacute; la posibilidad de &eacute;ste de acosar a su v&iacute;ctima. En general, cuando se controla un recurso que otros necesitan, se establece una dependencia directamente relacionada con el grado de control sobre dicho recurso. Es decir, la dependencia aumenta cuando el recurso controlado por la parte que tiene poder resulta <em>valioso</em> para la otra parte. Mintzberg (1983) se&ntilde;ala que las caracter&iacute;sticas que hacen a un determinado recurso valioso son fundamentalmente tres:</p><dir><p align="justify"><strong>1. La importancia del recurso</strong>. En la medida en que el recurso controlado se manifieste importante para una de las partes, mayor ser&aacute; el inter&eacute;s con el que &eacute;ste lo busque y, consecuentemente, mayores ser&aacute;n los esfuerzos y contrapartidas que este dispuesto a desplegar para conseguir su objetivo. Lo controlado por una de las partes ha de ser percibido como algo importante por la otra parte. Normalmente, &eacute;sta es la raz&oacute;n por la que el acoso suele progresar hasta llegar a consecuencias inaceptables. La persona o grupo que resulta ser el blanco del acoso, tiende a valorar su pertenencia a la organizaci&oacute;n y su ejercicio profesional en la misma, como algo realmente importante.</p><p align="justify"><strong>2. La escasez del recurso</strong>. Si algo existe en abundancia o puede conseguirse desde m&uacute;ltiples fuentes, se debilita fuertemente la relaci&oacute;n de dependencia establecida y, por tanto, disminuye el poder del que controla dicho recurso. Para crear dependencia es preciso que un recurso sea percibido, adem&aacute;s de importante, como escaso. De este modo se fortalece la relaci&oacute;n de dependencia, y con ello el poder de la parte que controla dicho recurso. As&iacute;, la pertenencia a una organizaci&oacute;n, el ejercicio profesional en la misma, y el reconocimiento a dicha labor, resultan ser recursos importantes y no f&aacute;ciles de lograr mediante un cambio a otra organizaci&oacute;n. Por ello, el control sobre estos recursos, sumamente valiosos para la persona objeto de acoso, puede facilitar el ejercicio de poder del acosador. </p><p align="justify"><strong>3. La insustituibilidad del recurso</strong>. Cuantos menos sustitutos tenga un recurso requerido por alguna de las partes, mayor ser&aacute; el poder que posee aquella parte que lo controla. En la medida en que existan fuentes de sustituci&oacute;n para satisfacer las necesidades que deber&iacute;an ser cubiertas con el recurso requerido, menos posibilidades existir&aacute;n de establecer una relaci&oacute;n de dependencia hacia la parte que controla dicho recurso. Robbins (1987, p&aacute;g. 282) ilustra este concepto denomin&aacute;ndolo <em>elasticidad del poder</em> y defini&eacute;ndolo como: <em>"la respuesta relativa del poder a los cambios en las alternativas disponibles"</em>. En este sentido, la capacidad de crear una relaci&oacute;n de dependencia y de influir sobre los dem&aacute;s, vendr&aacute; determinada por la percepci&oacute;n que &eacute;stos mantengan de sus opciones alternativas, y de poder satisfacer con ellas el efecto que se quiere conseguir con el recurso que se busca conseguir.</p></dir><p align="justify">En el contexto de las relaciones de poder, una referencia obligada es la clasificaci&oacute;n de los diferentes tipos de poder que expresaron French y Raven (1959) a partir del estudio de los procesos de influencia. Efectivamente, aunque el <em>poder social</em> y la <em>influencia</em> han sido empleados como sin&oacute;nimos en algunas ocasiones, sin embargo, y como se ha apuntado en la literatura (Hinkin &amp; Schriesheim, 1990; Stahelski &amp; Paynton, 1995) se precisa realizar alguna matizaci&oacute;n al respecto. La definici&oacute;n de French y Raven (1959) sobre ambos conceptos nos ayuda a comprender las diferencias entre ellos. Siguiendo la conceptualizaci&oacute;n inicial de Lewin (1941), estos autores definen la <em>influencia</em> como la fuerza que una persona (el agente) ejerce sobre alguien (el blanco), para inducir un cambio en su conducta, actitudes, metas, necesidades y valores. A su vez, definen el <em>poder social</em> como la habilidad potencial m&aacute;xima de un agente para influir sobre el blanco de sus objetivos. Por tanto, la influencia es "poder en acci&oacute;n -poder cin&eacute;tico- y el poder es influencia potencial (French y Raven, 1959, p&aacute;g.152). Esta conceptualizaci&oacute;n resulta similar a la caracterizaci&oacute;n del poder como un potencial, y a la distinci&oacute;n entre <em>tener poder</em> y ejercer poder, anteriormente analizada con relaci&oacute;n a la definici&oacute;n de Dahl (1957). Robbins (1987) diferencia entre <span style="text-decoration: underline;">bases</span> y <span style="text-decoration: underline;">fuentes</span> con el objeto de poder desarrollar categor&iacute;as m&aacute;s claras e independientes. <em>"Las bases del poder designan aquello que el sujeto tiene y le confiere poder... las fuentes nos indican de d&oacute;nde obtiene el sujeto sus bases de poder, es decir, se refieren a la manera en que uno llega a controlar las bases del poder"</em> (Robbins, 1987, p&aacute;g.275-6). </p><p align="justify">Apoy&aacute;ndonos en las propuestas de French y Raven (1959) y los hallazgos de los estudios de Munduate y Dorado (1998) y Rahim y Psenicka (1996), se podr&iacute;an identificar cuatro bases del poder en las que se asienta la fortaleza del agente que ejerce el acoso psicol&oacute;gico:</p><dir><p align="justify"><strong>1. Poder coercitivo,</strong> que tiene su base fundamentalmente en el miedo, el temor a las consecuencias negativas de la desobediencia. Descansa su aplicaci&oacute;n en las amenazas, las sanciones f&iacute;sicas, la producci&oacute;n de frustraci&oacute;n &oacute; el control y restricci&oacute;n de la satisfacci&oacute;n de alguna necesidad fisiol&oacute;gica. Este poder es el m&aacute;s frecuente en organizaciones fuertemente normativas. En las organizaciones laborales se manifiesta a trav&eacute;s de la sanci&oacute;n, despido &oacute; degradaci&oacute;n funcional.</p><p align="justify"><strong>2. Poder de premio,</strong> que se opone al anterior. Las personas se someten a los deseos de otros porque esto les proporcionar&aacute; beneficios, fundamentalmente materiales. En este caso ser&iacute;a la ausencia de gratificaciones o la negaci&oacute;n del desarrollo profesional, la herramienta que se pondr&iacute;a al servicio del acosador.</p><p align="justify"><strong>3. Poder persuasivo,</strong> que descansa sobre la base de la concesi&oacute;n y manipulaci&oacute;n de premios simb&oacute;licos y la capacidad de decisi&oacute;n, de manipulaci&oacute;n de informaci&oacute;n, de controlar la asignaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos de status &oacute; de influir en las normas del grupo. Es &eacute;sta la base m&aacute;s com&uacute;n cuando no hay una relaci&oacute;n jer&aacute;rquica formal entre el hostigador y la v&iacute;ctima del acoso. Es tambi&eacute;n la m&aacute;s frecuente cuando el hostigador se sirve de terceras figuras para conseguir con total impunidad sus objetivos.</p><p align="justify"><strong>4. Poder de conocimiento,</strong> que se basa en el acceso &oacute; control de la informaci&oacute;n necesaria para posibilitar la toma de decisiones en el grupo o en la organizaci&oacute;n. Esta base es la m&aacute;s f&aacute;cilmente utilizable en el acoso ascendente.</p></dir><p align="justify">Las bases de poder determinar&iacute;an el potencial que confiere al agente que ejerce la influencia, su poder para influir en la conducta, el puesto o el rol laboral del acosado:</p><dir><p align="justify"><strong>1. Poder de posici&oacute;n,</strong> que se refiere a la posici&oacute;n en la cual un individuo desarrolla su rol organizacional dentro de la estructura. Es la jerarqu&iacute;a en la organizaci&oacute;n la que posibilita el poder. Se destaca esta fuente como el acceso m&aacute;s com&uacute;n a una &oacute; varias de las bases de poder.</p><p align="justify"><strong>2. Poder personal,</strong> que se relaciona con las caracter&iacute;sticas personales del sujeto tanto en el &aacute;mbito f&iacute;sico como en relaci&oacute;n con los rasgos de personalidad. El "carisma" es el aspecto que nutre en este caso al ejercicio del poder. &Eacute;sta es la fuente de poder m&aacute;s com&uacute;n en organizaciones laborales poco estructuradas, o con fuertes componentes voluntaristas (Asociaciones, ONGs, etc.)</p><p align="justify"><strong>3. Poder de experto,</strong> fuente que descansa en la pericia &oacute; competencia con la cual un sujeto llega a dominar informaci&oacute;n &oacute; habilidades especializadas para poder anteponer sus decisiones a las de los dem&aacute;s. La pericia es una de las fuentes m&aacute;s potentes de poder, sobre todo en los grupos y organizaciones con una gran tendencia tecnol&oacute;gica. A medida que los trabajos se van progresivamente especializando, aparece la figura del "experto" de la que se sirve el grupo para conseguir prop&oacute;sitos sofisticados, lo que le confiere a dicho experto una gran posibilidad de poder. Muy frecuentemente es &eacute;ste el origen del acoso a personas brillantes y potencialmente competitivas.</p><p align="justify"><strong>4. Poder de oportunidad,</strong> que consiste en encontrarse en el sitio adecuado en el momento oportuno para tomar una determinada decisi&oacute;n que brinde la ocasi&oacute;n de ejercer el poder. En este caso, no es necesario ocupar una posici&oacute;n formal elevada en la estructura, sino m&aacute;s bien encontrarse en el "cuello de botella" del paso del fluido de procesamiento organizacional, para poder controlar la informaci&oacute;n &oacute; el acceso a una fuente superior de poder. Es &eacute;sta la fuente sobre la que se asienta con mucha frecuencia el poder del agente hostigador con poca brillantez y cierto nivel de incompetencia</p></dir><strong><em><p align="justify">El proceso de influencia</p></em></strong><p align="justify">Como se ha indicado anteriormente, al describir la conexi&oacute;n entre el poder social y las t&aacute;cticas de influencia, no existe otra forma de entender el poder m&aacute;s que desarrollado en los procesos de interrelaci&oacute;n social entre individuos &oacute; grupos. Si en esta interrelaci&oacute;n consideramos que una de las partes activa y obliga o mediatiza la conducta de la otra parte, nos estaremos refiriendo al poder como un proceso de influencia. Las relaciones intraorganizacionales se caracterizan por la presencia continua de procesos de influencia. Se puede, por tanto, inferir que una cierta y admitida pr&aacute;ctica del ejercicio del poder es inherente a los procesos que conducen a los objetivos de la organizaci&oacute;n. No obstante, se precisa delimitar dicho ejercicio en la frontera que marca el respeto a la dignidad, y a la integridad f&iacute;sica, ps&iacute;quica y social a la que como persona tiene derecho cada individuo que forma parte de la organizaci&oacute;n.</p><p align="justify">Al igual que en otros procesos de influencia social (ver Hogg &amp; Vaughan, 1995, por ejemplo), en el mobbing podemos identificar tres elementos principales: a) El agente que ejerce la influencia -en este caso el acoso moral- , pudiendo ser &eacute;ste una persona o un grupo de personas; b) Los m&eacute;todos de influencia o estrategias que se utilizan para conseguir el prop&oacute;sito buscado con el acoso moral; y c) El destinatario de la influencia, sobre la que recae, inicialmente al menos, la violencia del proceso y sus consecuencias.</p><p align="justify">El <strong><span style="text-decoration: underline;">agente acosador</span></strong> precisa de unos recursos que se sustentan en la propia organizaci&oacute;n. En ella, la cultura, los sistemas de gesti&oacute;n de conflictos o los propios estilos de liderazgo desplegados, pueden llegar incluso a legitimar la conducta del acoso moral sostenido. En otras ocasiones, los sistemas que concurren en el mobbing para proporcionar recursos de hostigamiento, se establecen de manera informal (grupo informal, comunicaci&oacute;n entre iguales, liderazgo emergente, etc.), proporcionando del mismo modo una fuente de control de recursos suficiente como para que se produzca el hostigamiento. <em>La motivaci&oacute;n</em> para influenciar que tenga la figura acosadora tambi&eacute;n ser&aacute; decisiva en la intensidad del acoso y en el inicio del proceso. Dicha motivaci&oacute;n podr&aacute; intentar conseguir un objetivo organizacional promulg&aacute;ndose como un hipot&eacute;tico medio de socializaci&oacute;n y ajuste de la conducta laboral del acosado, a las normas y cultura de la organizaci&oacute;n. Un ejemplo "en extremis" de ello es el "acoso normativo" o "ijima" (Hirigoyen, 2001), entendido como parte del proceso de socializaci&oacute;n; tambi&eacute;n podr&aacute; venir ocasionado por intereses personales, situados al margen de los objetivos de la propia organizaci&oacute;n, o ser&aacute; sencillamente producto del "estilo personal" que determina el <em>constructo de personalidad</em><strong> </strong>del acosador. Algunos estudios atribuyen rasgos patol&oacute;gicos de car&aacute;cter psic&oacute;tico a la figura del acosador (Hirigoyen, 2001; Pi&ntilde;uel, 2001), llegando incluso a reflejar un perfil definido de este agente, como es el caso del denominado <em>Mediocre Inoperante Activo (MIA)</em> (Gonz&aacute;lez, 1997). En el emisor de la influencia, se asocia tambi&eacute;n un mayor ejercicio del poder a los sujetos que se caracterizan por los siguientes aspectos: a) un locus de control interno (Porter, Allen y Angle. 1981); b) una mayor propensi&oacute;n al riesgo (Keeney y Raifa, 1976); e incluso una tendencia al maquiavelismo (Bar&oacute;n, 1993). </p><p align="justify">Los <strong><span style="text-decoration: underline;">m&eacute;todos de influencia</span></strong> del poder, son las herramientas con las que se consigue adscribir la conducta de la v&iacute;ctima al objetivo del agente hostigador. En el mobbing se llegan a describir hasta 45 tipos de t&aacute;cticas de acoso (Leymann, 1997; Zapf, Knorz y Kulla, 1996; Mart&iacute;n y P&eacute;rez, 2002), manteni&eacute;ndose en la mayor&iacute;a de los casos de manera persistente, hasta lograr su objetivo. Estos m&eacute;todos se concretan en conductas de hostigamiento caracterizadas por emplear algunos de los siguientes aspectos: a) los recursos de la organizaci&oacute;n y sus normas como elementos de abuso; b) el deterioro de las relaciones sociales de la v&iacute;ctima y su difamaci&oacute;n; c) los ataques a la vida privada del acosado y sus valores; y d) la violencia verbal, f&iacute;sica o sexual.</p><p align="justify">Algunos aspectos relacionados con <strong><span style="text-decoration: underline;">el acosado</span></strong>, que deber&aacute;n ser precisados por investigaciones futuras y que se encuentran relacionados con el ejercicio del poder en el fen&oacute;meno del mobbing, tambi&eacute;n incidir&aacute;n en la gravedad y las consecuencias del hostigamiento. Entre ellos cabe destacar el <em>proceso de conformidad, y los aspectos perceptivos.</em> La conformidad se entiende como el despliegue de una conducta manifiestamente disponible hacia los deseos del hostigador, como consecuencia de la perdurabilidad de la situaci&oacute;n de acoso, y desarrollado, en la din&aacute;mica del poder, bajo las diversas formas de sumisi&oacute;n, identificaci&oacute;n e internalizaci&oacute;n (Kelman,1956, 1961). Los aspectos perceptivos, como ya reflejaron French y Raven (1968) resultan determinantes para el efecto ejercido en el destinatario de la influencia. Destacan los siguientes: a) la percepci&oacute;n del destinatario sobre el proceso de influencia, quien en las situaciones de mobbing llega a creerse, generalmente bajo las reiteradas sugerencias del acosador, que &eacute;l mismo es la causa de sus males; b) la percepci&oacute;n que se le atribuye al acosador sobre el propio acosado. Como se ha apuntado anteriormente, la persona o grupo acosado busca insistentemente los recursos que controla el hostigador -pertenencia a la organizaci&oacute;n, desarrollo profesional, reconocimiento a su labor, etc- y ello va incrementando la percepci&oacute;n de dependencia de &eacute;ste y la atribuci&oacute;n de poder al acosador; y c) la percepci&oacute;n de las bases sobre las que el hostigador ejerce su influencia, y que se han desarrollado con anterioridad.</p><p align="justify">Aunque autores como Leyman (1996) han indicado que la personalidad del acosado resulta irrelevante en su articulaci&oacute;n a las situaciones de mobbing, otros autores como Matthiesen y Einarsen (2001) han apuntado que a pesar de que la afirmaci&oacute;n previa puede ser correcta, sin embargo los datos de sus estudios apuntan a que algunas v&iacute;ctimas de mobbing son m&aacute;s sensibles al mismo o reaccionan de un modo m&aacute;s dram&aacute;tico que otras ante las situaciones de acoso. Ello viene a confirmar la diversidad con que las personas, incluso las v&iacute;ctimas de acoso, pueden reaccionar ante los conflictos interpersonales y ante el escalamiento del conflicto en el trabajo (Medina, Dorado, Munduate, Ar&eacute;valo, y Cisneros, 2002; Munduate, Ganaza, Peir&oacute; y Euwema, 1999; Zapf y Gross, 2001) </p><strong><p align="justify">ESTRATEGIAS PARA AFRONTAR LA ESPIRAL DEL MOBBING</p></strong><p align="justify">Ante este panorama tan poco esperanzador, es necesario que los sujetos objeto de acoso psicol&oacute;gico en el entorno laboral se defiendan y que adem&aacute;s lo hagan, si es posible, antes de que se produzca el da&ntilde;o. Ello nos lleva a un enfoque multidisciplinar de afrontamiento del problema, done se pongan en marcha mecanismos que incidan sobre la prevenci&oacute;n, la evitaci&oacute;n e incluso, el tratamiento m&eacute;dico, psicol&oacute;gico y jur&iacute;dico-social, cuando el da&ntilde;o ya se ha producido.</p><p align="justify">Las estrategias para afrontar el acoso moral o psicol&oacute;gico en el trabajo ser&aacute;n diferentes en cada caso y depender&aacute;n de las caracter&iacute;sticas que se combinan entre los factores relacionados con el agente que ejerce el acoso, la v&iacute;ctima que lo padece y el entorno organizacional en el que se produce. Se precisa a&ntilde;adir a estos factores la disponibilidad de recursos legales, de apoyo psicosocial, terap&eacute;uticos, econ&oacute;micos, etc., con los que podr&aacute; contar la v&iacute;ctima, una vez que se movilice para defenderse de la agresi&oacute;n de la que est&aacute; siendo objeto. </p><p align="justify">Una vez que se ha iniciado el hostigamiento, su abordaje es una carrera contra reloj. Simb&oacute;licamente es como tratar de parar una esfera que se desliza por una pendiente, y que a medida que recorre m&aacute;s camino, tambi&eacute;n es mayor la cantidad de energ&iacute;a que se precisa para detenerla. El mobbing adopta su propia din&aacute;mica, ya descrita en la primera parte de este trabajo, y su afrontamiento en las fases avanzadas requiere de recursos progresivamente m&aacute;s potentes y consistentes.</p><p align="justify">Para analizar estos recursos es preciso abordar la situaci&oacute;n desde perspectivas m&aacute;s amplias que la del cl&aacute;sico esquema "Hombre x M&aacute;quina" (Leplat y Cuny, 1978), en el que el estudio de las condiciones antropom&eacute;tricas y fisiol&oacute;gicas del puesto completaban una buena referencia sobre la seguridad en el trabajo. Se trata de contemplar el mobbing desde un enfoque sist&eacute;mico, global y din&aacute;mico, consider&aacute;ndolo, a su vez, articulado a un contexto social concreto y determinante (Peir&oacute;, 1983) (ver fig.2). </p><p align="justify">Esta aproximaci&oacute;n sist&eacute;mica al mobbing, implica analizar un considerable n&uacute;mero de aspectos relacionados con el fen&oacute;meno. Dada su complejidad, el abordaje del fen&oacute;meno social del mobbing, requiere un enfoque multidisciplinar, tanto en su conceptualizaci&oacute;n como en la intervenci&oacute;n para su prevenci&oacute;n y su tratamiento. En este trabajo abordaremos, brevemente, este &uacute;ltimo aspecto relativo al tratamiento, por su utilidad para quien en principio parece m&aacute;s necesitado de ella, que es la persona acosada.</p><p align="justify">La intervenci&oacute;n eficaz de afrontamiento del mobbing debe partir de un adecuado ordenamiento en el marco jur&iacute;dico. Supondr&iacute;a una ayuda, en este sentido, que la conducta de acoso moral en el trabajo estuviese tipificada como delito sancionable por las leyes como el C.P. espa&ntilde;ol, Art. 173, que dichas pautas legales proveer&iacute;an de un medio disuasorio, preventivo e incluso paliativo y curativo. Esta ordenaci&oacute;n legal ser&iacute;a la mejor herramienta para conseguir el adecuado tratamiento institucional, organizacional e incluso regulador de las conductas individuales en el mobbing. En la actualidad se est&aacute;n llevando a cabo varias iniciativas en el Parlamento Europeo (COM, 2002), que orientar&aacute;n la elaboraci&oacute;n de un libro verde sobre mobbing por la Comisi&oacute;n de Empleo y Asuntos Sociales (Anderson, 2001b), y que para muchos de los pa&iacute;ses miembros se constituir&aacute; en referente de una posterior legislaci&oacute;n. </p><p align="justify">Desde un an&aacute;lisis prospectivo de la situaci&oacute;n, se vislumbran, en un futuro pr&oacute;ximo, dos enfoques en el abordaje del problema. Uno a nivel de an&aacute;lisis macro y otro a nivel de an&aacute;lisis micro, que se concreta en los siguientes aspectos: a) el nivel de la organizaci&oacute;n laboral; y b) el tratamiento del problema por la v&iacute;ctima del acoso (ver fig. 3). El reciente monogr&aacute;fico de la European Journal of Work and Organizational PsychologY (Zapf y Einarsen, 2001), sobre el mobbing, aborda efectivamente, estos dos niveles de an&aacute;lisis en los diversos trabajos que componen dicho monogr&aacute;fico. </p><p align="justify">En la <strong><span style="text-decoration: underline;">organizaci&oacute;n laboral</span></strong> se requiere de los Servicios de Prevenci&oacute;n de Riesgos Laborales, como un <strong>primer eje</strong> estrat&eacute;gico que establezca planes preventivos, tanto de informaci&oacute;n y formaci&oacute;n, como de implementaci&oacute;n de los adecuados Protocolos de Acci&oacute;n. Estos Protocolos ir&aacute;n orientados a abordar los siguientes aspectos: a) Crear una cultura organizacional que minimice y evite el mobbing; b) Generar estilos de gesti&oacute;n del conflicto y de liderazgo participativos; c) Dotar a las potenciales v&iacute;ctimas de instrumentos de comunicaci&oacute;n formal del problema en la organizaci&oacute;n; d) Disponer de indicadores que circunscriban la situaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n con relaci&oacute;n al acoso moral, del mismo modo que se dan para la siniestralidad laboral. </p><p align="justify">El <strong>segundo eje</strong> de tratamiento del acoso moral en la organizaci&oacute;n requiere activar Planes de Acci&oacute;n paliativos de los efectos del acoso y curativos de las consecuencias que este proceso haya causado en los afectados. Para ello deber&aacute;n intervenir de una manera coordinada los profesionales que multidisciplinarmente est&aacute;n llamados a contribuir en la resoluci&oacute;n del problema -psic&oacute;logos, abogados, m&eacute;dicos, trabajadores sociales,...-, y hacerlo adem&aacute;s sobre el <strong>"afectado"</strong> y sobre <strong>"la situaci&oacute;n"</strong>, todo ello con el concurso pertinente de las correspondientes Comisiones Paritarias, articuladas por los representantes sindicales y los representantes de la patronal. </p><p align="justify">Este segundo eje sugiere tambi&eacute;n, en las organizaciones laborales de cierta entidad, la participaci&oacute;n de los Servicios de Prevenci&oacute;n de Riesgos Laborales, como &oacute;rgano coordinador y regulador de las intervenciones de los diferentes especialistas que requiere normalmente la v&iacute;ctima del hostigamiento. Se requiere, a su vez, la intervenci&oacute;n de las Comisiones Paritarias en materia de Salud Laboral, as&iacute; como el concurso de los &oacute;rganos competentes de la Inspecci&oacute;n de Trabajo, si las causas que llevan al acoso no son inmediatamente abordadas por los responsables de la organizaci&oacute;n en la que la persona hostigada presta sus servicios.</p><p align="justify">En los casos en los que el tama&ntilde;o de la organizaci&oacute;n no dote al trabajador del acceso a estos recursos o est&eacute;n definidos de forma imprecisa -peque&ntilde;as empresas, corporaciones locales, administraci&oacute;n p&uacute;blica, aut&oacute;nomos y profesionales liberales, etc.-, y sin olvidar los recursos asequibles y localizables por el propio afectado, se requiere tambi&eacute;n que las organizaciones sindicales jueguen un papel primordial como interlocutores sociales. Se trata de que los mismos se constituyan en fuente de orientaci&oacute;n natural del trabajador, hacia los recursos profesionales con los que puede contar para afrontar el problema del mobbing. Este primer contacto externo al de su organizaci&oacute;n laboral, puede convertirse en un primer apoyo social para la v&iacute;ctima del acoso y ser interpretado por la misma como un <em>balance sobre las posibilidades de</em> <em>soluci&oacute;n al hostigamiento</em>, con lo que se convierte en un crucial punto de inflexi&oacute;n tanto en su estado an&iacute;mico, como en las probabilidades de dotarse de los medios legales para afrontar el proceso. En esta fase de contacto con el exterior, se corre el riesgo de que un tratamiento impersonal o burocr&aacute;tico desafortunado, suponga el agravamiento del problema por provocar un incremento de la desesperanza en la que se encuentra la persona acosada. Para ayudar a superar esta fase, las organizaciones sindicales tendr&aacute;n que dotarse de especialistas en el tratamiento del problema, con una s&oacute;lida formaci&oacute;n psicol&oacute;gica y jur&iacute;dica.</p><p align="justify">Paralelamente al enfoque macro centrado en la propia organizaci&oacute;n, el enfoque del afrontamiento <strong><span style="text-decoration: underline;">centrado en el individuo</span></strong> ayuda a explicitar aquellas herramientas con las que en cualquier caso podr&iacute;a contar la v&iacute;ctima del acoso. Estas intervenciones se concretan en dos campos: a) la resoluci&oacute;n de la situaci&oacute;n de acoso moral; y b) el abordaje de las consecuencias del acoso en el propio sujeto.</p><p align="justify">La <strong><span style="text-decoration: underline;">situaci&oacute;n de acoso</span></strong> es normalmente abordada por el acosado de forma gradual, partiendo del uso de los <em>recursos de negociaci&oacute;n</em> apoyada en la consulta y las t&iacute;midas comunicaciones a los compa&ntilde;eros, los jefes inmediatos, el Comit&eacute; de Empresa, los Servicios de Prevenci&oacute;n o el departamento de Recursos Humanos. M&aacute;s adelante, en una escalada del conflicto se ponen en<strong> </strong>marcha<strong> </strong>los <em>recursos legislativos</em>, centr&aacute;ndose en la denuncia externa a la organizaci&oacute;n como primer paso. Se recurre a las asociaciones de afectados, sindicatos, etc., para llegar m&aacute;s adelante a las Inspecci&oacute;n de Trabajo o los Juzgados. Para finalizar con el excepcional uso de los <em>recursos de poder</em> y consecuentemente de la aplicaci&oacute;n de la fuerza sin regulaci&oacute;n alguna. </p><p align="justify">Paralelamente se <strong><span style="text-decoration: underline;">afrontan las propias consecuencias</span></strong> del acoso por el sujeto, en funci&oacute;n de la gravedad del acoso y del deterioro de la salud del acosado -f&iacute;sica, psicol&oacute;gica y social- as&iacute; como de las caracter&iacute;sticas de la sintomatolog&iacute;a presentada. Se trata de recurrir a aquellos profesionales que ayuden a recuperar dicha salud. </p><p align="justify">Situ&aacute;ndonos en este &uacute;ltimo punto, adem&aacute;s de una ayuda suficientemente estructurada y s&oacute;lida que le ayude tanto a defenderse de sus acosadores como a eliminar los m&eacute;todos de influencia de ejercicio del acoso, el afectado necesita en la mayor parte de los casos de un tratamiento de urgencia. Este tratamiento comienza por un diagn&oacute;stico psicol&oacute;gico que se&ntilde;ale la ruta terap&eacute;utica a seguir a tenor del an&aacute;lisis de la sintomatolog&iacute;a presentada por el afectado, en el que se combinen, al mismo tiempo, los servicios especializados del campo jur&iacute;dico (Blanco y L&oacute;pez, 2002; Molina, 2002; Vel&aacute;zquez, 2001), para hacer frente a los complicados pormenores del procedimiento o acciones legales a emprender en el aprovechamiento de los recursos legales a su alcance. En cualquier caso, este amparo en el &aacute;mbito jur&iacute;dico, requiere ir acompa&ntilde;ado de una terapia psicol&oacute;gica de car&aacute;cter invasivo que fortalezca las bases de autoestima e identidad de la persona y que le ayude a recuperar las emociones positivas articuladas a la percepci&oacute;n de autoeficacia (Cisneros, Medina, Munduate, y Dorado, 2000), como primera medida para evitar que el da&ntilde;o siga avanzando.</p><p align="justify">Estas medidas individuales a las que puede recurrir el sujeto objeto de acoso moral, s&oacute;lo deber&iacute;an ser la antesala de un futuro desarrollo del afrontamiento del problema a un nivel global y sist&eacute;mico, que sincronice con el legislador en primera instancia, los esfuerzos individuales, organizacionales y sociales para eliminar el problema del mobbing.</p>]]></description>            <pubDate>Fri, 20 Jun 2008 12:24:00 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>PSICOLOGÍA DEL TERRORISMO E INTELIGENCIA CONTRATERRORISTA de Andrés Montero Gómez</title>            <link>http://quedadas.blogcindario.com/2008/06/00055-psicologia-del-terrorismo-e-inteligencia-contraterrorista-de-andres-montero-gomez.html</link>            <description><![CDATA[<p align="justify">La violencia es una manifestaci&oacute;n compleja de la conducta social humana que se configura alrededor de expresiones en un triple sistema de respuesta, esto es, fisiol&oacute;gico-emocional, cognitivo y conductual-motor. De este modo, en los esfuerzos para analizar y comprender las diversas tipolog&iacute;as de la violencia, tan parcial parece ser adjudicar la preponderancia en la conducta violenta a una dimensi&oacute;n aislada del sistema de respuesta, como ineficaz considerarla sin prestar atenci&oacute;n a los diversos determinantes personales, a los situacionales y a su interacci&oacute;n (Montero, 2003a). Concretamente, en lo que respecta a la violencia sistem&aacute;tica que estructura el terrorismo, siguiendo a Fernando Reinares (1998) podemos afirmar que el conocimiento es mucho menos extenso y definitivo en la empresa de dilucidar los determinantes de la conducta terrorista, carencia que se puede extender en general al estudio de los radicalismos pol&iacute;ticos de acci&oacute;n violenta. </p><p align="justify">Aunque bien es cierto que pueden encontrarse obras, como el cl&aacute;sico de Hannah Arent (1972), de interesante factura y profundo calado antropol&oacute;gico en su intento de diseccionar fen&oacute;menos de opresi&oacute;n pol&iacute;tica y social donde la violencia y la coacci&oacute;n sistem&aacute;ticas ejercen funciones instrumentales de primer orden en el mantenimiento de un sistema estatal de anulaci&oacute;n del individuo; o bien explicaciones ambiciosas y de excelente fondo hist&oacute;rico -v.g. Gilles Kepel (2000) - que ofrecen una perspectiva anal&iacute;tica respecto a la g&eacute;nesis de desviaciones pol&iacute;ticas integristas de corte excluyente basadas en fundamentalismos religiosos; e incluso rigurosos estudios anal&iacute;ticos sobre estrategias del terrorismo (Crenshaw, 1995; Dom&iacute;nguez Iribarren, 1998; Reich, 1990; S&aacute;nchez Cuenca, 2001), son no obstante escasos, y entre ellos muy tentativos, los esfuerzos para captar la estructura de la violencia sistem&aacute;tica a una escala individual, situando el foco de an&aacute;lisis en la persona que ha incorporado la violencia, como patr&oacute;n estable de comportamiento, a su repertorio conductual. De entre estos &uacute;ltimos, los avances m&aacute;s prometedores est&aacute;n apareciendo en el &aacute;mbito de la psicolog&iacute;a criminal, en el estudio de las psicopat&iacute;as y en sus traducciones transgresoras (Raine y Sanmart&iacute;n, 2000), aunque adoleciendo todav&iacute;a de un importante sesgo cl&iacute;nico y forense que previene de la generalizaci&oacute;n de resultados a grupos de individuos que, como la mayor&iacute;a de los terroristas, se acepta que no tienen una desviaci&oacute;n psicopatol&oacute;gica de base que contribuya sustantivamente a la definici&oacute;n de su conducta criminal, pese a que se hayan propuesto "desviaciones" en el razonamiento (Laval, 1995) o incluso una suerte de idiocia moral (Bilbeny, 1993) en las personas m&aacute;s parecidas al terrorista etn&oacute;filo-etn&oacute;fobo de hoy: los exterminadores nazis de ayer. En paralelo, investigadores como Reinares (2001) se han centrado en un perfilado del terrorista atendiendo a caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas, mientras que otros autores (Montero, 2003a) est&aacute;n ensayando aproximaciones al andamiaje cognitivo-conductual de este tipo de agresores o explicaciones para fen&oacute;menos como el terrorismo suicida (Atran, 2003, Moghadam, 2003). </p><p align="justify">Desde una perspectiva psicol&oacute;gica, el terrorismo representa una de las expresiones de la violencia que refleja la articulaci&oacute;n de una conducta de homicidio sistem&aacute;tico engarzada en estructuras mentales espec&iacute;ficas puestas al servicio de la justificaci&oacute;n del patr&oacute;n de agresiones. Sin privar por supuesto a los intentos de comprensi&oacute;n de las ineludibles intersecciones sociol&oacute;gicas del terrorismo, y reconociendo diversos estudios dedicados a profundizar en sus aspectos psicol&oacute;gicos (Alonso-Fern&aacute;ndez, 1994; Reich, 1990), la literatura cient&iacute;fica en espa&ntilde;ol adolece de una marcada indiferencia sobre el aporte aplicado que los profesionales de la psicolog&iacute;a podr&iacute;an tener, eventualmente, en algunas facetas menos exploradas del afrontamiento social del terrorismo. Cierto es que de unos a&ntilde;os a esta parte han proliferado y se han consolidado a buen nivel tanto la praxis como la investigaci&oacute;n psicol&oacute;gicas en la asistencia a v&iacute;ctimas del terrorismo. Sin embargo, la carencia es evidente en cuanto tomamos como punto de referencia al agresor sistem&aacute;tico, al terrorista, desde el prisma de la acci&oacute;n psicol&oacute;gica, y no &uacute;nicamente desde los potenciales de la intervenci&oacute;n terap&eacute;utica.</p><p align="justify">Una de las &aacute;reas de trabajo donde los procesos psicol&oacute;gicos tienen una presencia y relevancia indiscutibles se encuentra en los esfuerzos de los servicios p&uacute;blicos de seguridad e inteligencia para desactivar el terrorismo y desarticular grupos terroristas. Esta presencia a veces ha pasado inadvertida, pero en la mayor&iacute;a de las ocasiones ha sido deformada por la excesiva saliencia que han tenido la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica y la psicolog&iacute;a de la personalidad en la identificaci&oacute;n de las posibilidades de nuestra ciencia en este campo, preponderancia que ha consolidado un sesgo importante alimentado propiamente desde algunos enfoques psicol&oacute;gicos que han pretendido encasillar al terrorismo entre desviaciones de personalidad y psicopatolog&iacute;as varias. Al contrario, la nueva presencia que proponemos tiene dos ejes nucleares, representados por las derivaciones que la psicolog&iacute;a del terrorismo pudiera tener en el &eacute;xito de los servicios de inteligencia, por una parte; y en la influencia que los aspectos psicol&oacute;gicos internos inherentes a las propias organizaciones de seguridad e inteligencia tendr&iacute;an en las variables de su propio &eacute;xito, en una especie de psicolog&iacute;a del contraterrorismo, por otro.</p><p align="justify">No se trata de establecer planteamientos excluyentes o reduccionistas, sino de contribuir a trazar un mapa de los segmentos de trabajo para las distintas subdisciplinas de la ciencia de la psicolog&iacute;a en el marco de las funciones atribuidas a los servicios de inteligencia contraterrorista. Tampoco se pretende negar, sino todo lo contrario, el papel de la sociolog&iacute;a y otras ciencias en los diversos planos de aproximaci&oacute;n a la amenaza terrorista. En este sentido, estamos con Amalio Blanco (2004) cuando destaca la ineludible necesidad de escrutar el contexto social donde se gesta y desarrolla el terrorista a fin de comprender los anclajes de su dedicaci&oacute;n a la violencia sistem&aacute;tica, aunque le matizamos decididamente cuando deja de explicar que, al fin y a la postre, en la construcci&oacute;n de la realidad social son determinantes los procesos psicol&oacute;gicos del inter-individuo, que no s&oacute;lo filtran esa realidad sino que definitivamente la convierten en tal para el sujeto. </p><p align="justify">As&iacute; pues, el prisma que pretendemos visibilizar para la psicolog&iacute;a en los esfuerzos de inteligencia y seguridad en el &aacute;mbito contraterrorista se aleja de la consideraci&oacute;n de que el comportamiento del terrorista est&aacute; relacionado causalmente con estructuras espec&iacute;ficas de personalidad o cuadros psicopatol&oacute;gicos subyacentes (Montero, 2003a), y se centra en que en su mayor parte el terrorismo est&aacute; poblado por individuos de normalidad psicol&oacute;gica, entendida en su acepci&oacute;n cl&iacute;nica, que internalizan la violencia como actitud y comportamiento v&aacute;lidos en funci&oacute;n de esquemas biopsicosociales complejo. En ese punto, desde la perspectiva fundamental de comunicaci&oacute;n interdisciplinar, la ciencia psicol&oacute;gica tiene en la psicosociolog&iacute;a, o psicolog&iacute;a social, su campo de conocimiento m&aacute;s &uacute;til para la intervenci&oacute;n anal&iacute;tica en el fen&oacute;meno terrorista. Pero no s&oacute;lo. De entrada, suponemos que ser&aacute; &uacute;til ensayar modelos psicol&oacute;gico que traten de aprehender qu&eacute; procesos y estructuras confluyen en un individuo, en principio normal, para que pueda ejercer, de manera sistem&aacute;tica, un tipo de conducta altamente aversiva como aquella de sesgar la vida de otros seres humanos por procedimientos de intensa carga cruenta. Desde esa intenci&oacute;n, tambi&eacute;n los conocimientos derivados de la psicolog&iacute;a de los procesos b&aacute;sicos tendr&iacute;a una conjunci&oacute;n de relevancia en un aporte eventual a las estructuras de una estrategia contraterrorista. </p><strong><p align="justify">PSICOLOG&Iacute;A EN INTELIGENCIA </p></strong><p align="justify">Los adecuados desarrollo e implementaci&oacute;n de capacidades, procedimientos y medios de inteligencia son considerados hoy en d&iacute;a claves para el afrontamiento exitoso del terrorismo global a largo plazo (Montero, 2003b; Lamo, 2004). Aunque no existe una definici&oacute;n un&iacute;voca de la inteligencia humana o de sus componentes, desde las ciencias psicol&oacute;gicas el concepto puede identificarse con el constructo habilitado para denotar a las capacidades y aptitudes dedicadas a conocer, analizar, comprender y, en definitiva, a lograr un ajuste adaptativo y resolutivo del individuo en el entorno (Andr&eacute;s Pueyo, 1997). Sin embargo, el psicol&oacute;gico-disciplinar no es el &uacute;nico &aacute;mbito en donde encontramos un constructo dedicado a la inteligencia. En las modernamente denominadas ciencias de la seguridad, la inteligencia comprende las actividades, procesos e instituciones dedicadas a la obtenci&oacute;n, tratamiento y difusi&oacute;n de informaci&oacute;n sobre &aacute;reas u objetivos de inter&eacute;s para la seguridad de las naciones. Es este &uacute;ltimo espacio en donde centraremos la propuesta, taxon&oacute;mica si se quiere, para una presencia regular de la psicolog&iacute;a en tanto disciplina especializada de conocimiento.</p><p align="justify">De nuevo, a pesar de que no se ha encontrado acuerdo en torno a la noci&oacute;n de inteligencia para la seguridad, Esteban Navarro (2004) considera, junto a Troy (1991), a la inteligencia de seguridad como a la poseedora de tres rasgos distintivos: la amenaza a la seguridad como objeto; la conversi&oacute;n, mediante an&aacute;lisis, de informaci&oacute;n recolectada a trav&eacute;s de una variada aplicaci&oacute;n de instrumentos y fuentes; y su car&aacute;cter secreto, a pesar de que muchas de las fuentes informativas sean de procedencia p&uacute;blica. En el &aacute;mbito de las ciencias de la seguridad, en aplicaci&oacute;n al sector p&uacute;blico o al privado, la inteligencia de seguridad estar&iacute;a conformada por una doble conceptuaci&oacute;n: la inteligencia como proceso y la inteligencia como producto. En tanto proceso, inteligencia de seguridad ser&iacute;a aquel conjunto de operaciones destinado a tratar la informaci&oacute;n relacionada con un entorno de seguridad. El tratamiento de esta informaci&oacute;n atraviesa todo un ciclo autoalimentado, el proceso de inteligencia, que partiendo de planes directivos que marcan los objetivos informativos, pasa por la puesta en marcha de recursos destinados a la obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n sobre todos los factores relacionados con los objetivos de informaci&oacute;n, para posteriormente dedicar capacidades anal&iacute;ticas a la elaboraci&oacute;n de esa informaci&oacute;n en bruto hasta convertirla en inteligencia. En los subprocesos de elaboraci&oacute;n de informaci&oacute;n, se somete a las piezas informativas obtenidas a diferentes t&eacute;cnicas de sistematizaci&oacute;n, integraci&oacute;n y an&aacute;lisis cuantitativo y cualitativo, de manera que se establezcan relaciones descriptivas entre elementos que posibiliten la generaci&oacute;n de hip&oacute;tesis de trabajo y la extracci&oacute;n de conclusiones a partir de mec&aacute;nicas inductivas y deductivas de razonamiento. La fase final de este proceso, la difusi&oacute;n de la inteligencia de seguridad, entronca con la naturaleza de producto de esa inteligencia. De este modo, el producto de inteligencia es consumido por personas u &oacute;rganos a quien se difunde en apoyo, habitualmente, a estratos de toma de decisiones. A riesgo de simplificar, es v&aacute;lido concluir que el producto de la inteligencia de seguridad sirve a personas situadas en niveles de decisi&oacute;n para optar entre una o varias de las alternativas de respuesta ante un determinado espacio problema.</p><p align="justify">En este marco encontramos diversos planos de acoplamiento, tanto en creaci&oacute;n te&oacute;rica como en praxis o en investigaci&oacute;n, de las &aacute;reas de conocimiento y subdisciplinas de la psicolog&iacute;a. Al objeto de sistematizar la exposici&oacute;n, comenzaremos adscribiendo la psicolog&iacute;a a las divisiones estructurales y funcionales apreciables m&aacute;s visibles actualmente aun en las distintas concepciones de la inteligencia contraterrorista. As&iacute;, consideramos cu&aacute;les son las aplicaciones eventuales de la psicolog&iacute;a y sus profesionales en los siguientes cap&iacute;tulos: 1) agentes y procesos humanos involucrados en la obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n destinada a ser procesada como inteligencia; 2) etapas del an&aacute;lisis y tratamiento de la informaci&oacute;n; y 3) personalidad institucional de los &oacute;rganos p&uacute;blicos dedicados a la producci&oacute;n de inteligencia de seguridad. Las dos primeras ser&iacute;an, aunque comunicados, aspectos verticales, mientras que la tercera podr&iacute;a considerarse una dimensi&oacute;n horizontal o longitudinal estructural para ambos.</p><strong><p align="justify">Psicolog&iacute;a y agentes humanos de obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n</p></strong><p align="justify">Evidentemente, la funci&oacute;n de los servicios de inteligencia y seguridad descansa sobre cuadros de recursos humanos, que a su vez hacen uso de procedimientos, metodolog&iacute;as e instrumental tecnol&oacute;gico avanzado y, lo que es m&aacute;s relevante a nuestro prop&oacute;sito, din&aacute;micas complejas de procesamiento de informaci&oacute;n. A efectos expositivos, bien a pesar de que la labor de an&aacute;lisis de informaci&oacute;n supone, desde una &oacute;ptica psicol&oacute;gica, la puesta en pr&aacute;ctica en el analista de mecanismos de procesamiento que involucran aptitudes, capacidades cognitivas e intersecciones emocionales, influencias de contexto y anclaje en una estructura con su propia personalidad institucional, es en la implicaci&oacute;n de personal t&eacute;cnico en obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n donde encontramos toda una serie de escenarios psicol&oacute;gicos que se extienden transversalmente a lo largo de varias subdisciplinas psicol&oacute;gicas, desde la cl&iacute;nica hasta la investigaci&oacute;n b&aacute;sica. La obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n por medios humanos es, adem&aacute;s, el cap&iacute;tulo que m&aacute;s recursos de toda &iacute;ndole suele demandar de las infraestructuras de los &oacute;rganos p&uacute;blicos de inteligencia y seguridad. Tambi&eacute;n, de alguna manera y de un tiempo a esta parte, un dossier bastante descuidado a pesar de su valor (Montero, 1998).</p><p align="justify">Sin &aacute;nimo de exhaustividad pero con intenci&oacute;n de delinear un mapa de los intereses de la psicolog&iacute;a como ciencia, en el &aacute;rea de obtenci&oacute;n de un servicio de inteligencia contraterrorista podemos identificar tres componentes principales de intervenci&oacute;n. El primero, vendr&iacute;a desde el seguimiento del estado psicol&oacute;gico de los agentes de inteligencia ante el afrontamiento de situaciones y din&aacute;micas de estr&eacute;s. El segundo, de la preparaci&oacute;n de los agentes para operaciones especiales. El tercero, la participaci&oacute;n del psic&oacute;logo en la selecci&oacute;n de personal para cometidos espec&iacute;ficos. </p><p align="justify">Algunos de los m&aacute;s consolidados servicios de inteligencia tienen psic&oacute;logos en plantilla dedicados a ejercer funci&oacute;n de counselling a demanda de sus agentes o de las propias instituciones. Esta figura puede extenderse a los servicios de inteligencia contraterrorista, la mayor&iacute;a de ellos de naturaleza policial, como es el caso espa&ntilde;ol. Es un campo conceptual y estructuralmente ya desarrollado y con historia, dependiente en su implantaci&oacute;n para la mayor&iacute;a de los casos de adscripciones presupuestarias. El grueso de las polic&iacute;as con unidades contraterroristas tienen servicios psicol&oacute;gicos, no especializados en la problem&aacute;tica de estos agentes sino, en general, dedicados a ofrecer una variedad de soluciones cl&iacute;nicas para los trastornos asociados a la actividad policial, que en su mayor&iacute;a caen en las cuadros de ansiedad y de las disfunciones en el estado de &aacute;nimo. De esta manera, y puesto que nuestro objeto no es detallar los servicios psicol&oacute;gicos ligados a la instituci&oacute;n policial sino centrarnos en las especificidades de la inteligencia contraterrorista, mencionaremos &uacute;nicamente la idoneidad gen&eacute;rica que se supone a los cl&iacute;nicos en plantilla institucional para tratar las demandas de seguimiento y, eventualmente, tratamiento. </p><p align="justify">En cuanto a la participaci&oacute;n del psic&oacute;logo en procesos de selecci&oacute;n de personal y, frecuentemente, de su especializaci&oacute;n a trav&eacute;s de programas de capacitaci&oacute;n, viene siendo as&iacute; mismo una pr&aacute;ctica reconocida y en creciente extensi&oacute;n en lo relativo a actividades generales de seguridad p&uacute;blica, aunque de d&eacute;bil implantaci&oacute;n todav&iacute;a en unidades contraterroristas. En primera instancia, los organismos de inteligencia y seguridad no han llegado a plantearse, a escala directiva o de planificaci&oacute;n, la necesidad de disponer de un filtrado psicol&oacute;gico que optimice la selecci&oacute;n de personal para labores estables de inteligencia contraterrorista. En t&eacute;rminos amplios, esta selecci&oacute;n est&aacute; ligada al curriculum especializado de capacitaci&oacute;n eliminatorio que atraviesan los candidatos a integrarse en la funci&oacute;n contraterrorista. De esta forma, la superaci&oacute;n del programa formativo, en donde se combinan contenidos te&oacute;ricos con una intensa actividad pr&aacute;ctica ligada a la ejercitaci&oacute;n de las habilidades requeridas para convertirse en un agente de inteligencia, supone la acreditaci&oacute;n, por v&iacute;a de la praxis, de unas determinadas capacidades operativas. En este punto, suele observarse una diferencia entre los servicios contraterroristas policiales y los grupos especializados dentro de los centros estatales de inteligencia general, articul&aacute;ndose en &eacute;stos un m&iacute;nimo perfil psicol&oacute;gico mediante instrumentos psicom&eacute;tricos espec&iacute;ficos para resultar en una aptitud para el trabajo de inteligencia entre los candidatos externos a la instituci&oacute;n, mientras en aqu&eacute;llos la v&iacute;a de selecci&oacute;n suele combinar la aptitud policial ya acreditada por los profesionales optantes a ser agentes contraterroristas con la acreditaci&oacute;n cunicular ya mencionada.</p><p align="justify">La presencia de los psic&oacute;logos en estos procesos suele ser marginal, limit&aacute;ndose, cuando existe, a la administraci&oacute;n de unas pruebas psicom&eacute;tricas de screening que no suelen provenir de ning&uacute;n planteamiento institucional sobre si puede haber unas caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas m&aacute;s interesantes que otras para ejercer funciones de obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n. Bien es cierto que la tradici&oacute;n de la selecci&oacute;n de personal en estos &oacute;rganos especializados de inteligencia ha venido funcionando, aunque tambi&eacute;n lo es que no se ha contrastado su eficiencia con respecto a ning&uacute;n escenario alternativo. </p><p align="justify">En lo que respecta al rol de la psicolog&iacute;a cient&iacute;fica en el dise&ntilde;o, ejecuci&oacute;n y seguimiento de operaciones especiales de inteligencia, el panorama de carencias no se aleja demasiado de la general indiferencia hacia estas cuestiones por parte de las autoridades policiales y de inteligencia, sobre todo en los pa&iacute;ses fuera del &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. Dentro de estas denominadas operaciones especiales, por su eficacia y complejidad sobresalen en inteligencia contraterrorista los dispositivos de infiltraci&oacute;n de agentes de inteligencia o polic&iacute;a en bandas criminales, de un lado, y la captaci&oacute;n de informadores en el propio interior del grupo delictivo organizado, de otro.</p><p align="justify">La infiltraci&oacute;n de agentes de inteligencia en grupos terroristas es una de las t&eacute;cnicas de obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n m&aacute;s complejas y arriesgadas. De hecho, supone preparar a un ser humano, habitualmente un oficial de polic&iacute;a o inteligencia, para adentrarse en un entorno grupal netamente hostil, y permanecer en &eacute;l simulando de manera sostenida una identidad ficticia. Esta identidad, en infiltraciones a largo t&eacute;rmino, ser&iacute;a la traducci&oacute;n no s&oacute;lo de una simulaci&oacute;n documental, sino la adopci&oacute;n de actitudes, motivaciones, emociones y pautas de conducta diferentes a las correspondientes a la personalidad del agente de inteligencia pero necesarias para fingirse la persona que aparenta ser ante el grupo criminal.</p><p align="justify">En esquemas de infiltraci&oacute;n contraterrorista, la intervenci&oacute;n de la psicolog&iacute;a cient&iacute;fica podr&iacute;a sostenerse desde la misma fase inicial de selecci&oacute;n de recursos humanos de inteligencia para este tipo de cometidos. Sin entrar en pormenores que superar&iacute;an la intenci&oacute;n de esta revisi&oacute;n, podemos apuntar a varios estratos en donde la implementaci&oacute;n de t&eacute;cnicas de psicolog&iacute;a profesional optimizar&iacute;a determinados aspectos de un proceso de infiltraci&oacute;n policial o de inteligencia en grupos terroristas. En una primera etapa de reclutamiento, la psicolog&iacute;a puede dise&ntilde;ar un perfil protot&iacute;pico del candidato basado en un marco previo de par&aacute;metros, de caracter&iacute;sticas, que a&ntilde;adir&iacute;an valor al recurso humano susceptible de convertirse en un agente infiltrado.</p><p align="justify">El eje de referencia central sobre el que canalizar el procedimiento de selecci&oacute;n de un candidato, al contrario de lo que suele ser la creencia m&aacute;s extendida en este tipo de situaciones, no es la estructura de la personalidad en s&iacute; misma, sino las capacidades de procesamiento de informaci&oacute;n del agente, sus potencialidades cognitivas, no evaluadas aisladamente sino integradas en el complejo triple sistema de respuesta cognitivo-fisiol&oacute;gico/emocional-conductual. La relevancia de evaluar, de medir, los potenciales de procesamiento de informaci&oacute;n del candidato vienen determinadas por la circunstancia excepcional de que, en el esquema t&aacute;ctico de una infiltraci&oacute;n, el agente de inteligencia se convierte en una suerte de equipo transmisor de informaci&oacute;n sensible desde el interior del grupo criminal hacia la instituci&oacute;n de inteligencia o seguridad. El objetivo de esta etapa inicial de reclutamiento, al igual que el seguimiento psicol&oacute;gico de fases posteriores, ser&aacute; garantizar que ese "transmisor" cuenta con las mejores propiedades posibles y funciona dentro de unos m&aacute;rgenes de efectividad. La relevancia de la psicolog&iacute;a en este punto es tan evidente como el hecho de que la m&aacute;quina de transmisi&oacute;n que estamos utilizando para rentabilizar el procedimiento de infiltraci&oacute;n, si se nos contin&uacute;a permitiendo el s&iacute;mil, es un ser humano, y por tanto sus condiciones de procesamiento dependen de una multiplicidad de estados emocionales, cognitivos y conductuales en interacci&oacute;n.</p><p align="justify">En este marco, la psicolog&iacute;a tiene instrumentos para evaluar con solvencia par&aacute;metros muy interesantes a efectos de efectividad de procesamiento de informaci&oacute;n. Existen agrupaciones de elementos en una especie de cl&uacute;ster cognitivos que revierten en una ventaja diferencial entre candidatos. El cl&uacute;ster flexibilidad cognitiva, tempo cognitivo, independencia de campo y atenci&oacute;n focal, mesurable en cada componente, proporciona un indicador de la versatilidad de respuesta ante diferentes situaciones; reflejan la calidad de los procesos de toma de decisiones en entornos de cambio; informan sobre la rapidez y capacidad de adaptaci&oacute;n ante escenarios novedosos que requieren una respuesta resolutiva inmediata; y, en definitiva, orientan acerca de la potencialidad para efectuar an&aacute;lisis de informaci&oacute;n compleja en entornos cambiantes y bajo presi&oacute;n, con la consiguiente extracci&oacute;n de juicios. Aqu&iacute;, no es ocioso hacer menci&oacute;n a que el escenario al que tendr&aacute; que hacer frente un agente infiltrado de inteligencia contraterrorista vendr&aacute; definido por un complejo estimular articulado a trav&eacute;s de configuraciones sostenidas de estresores, cambiante y din&aacute;mico, en donde no s&oacute;lo deber&aacute; procesar informaci&oacute;n con nitidez y eficacia, sino que tendr&aacute; que tomar decisiones que afectar&aacute;n a la operaci&oacute;n de seguridad y a su propia integridad o la de otros. </p><p align="justify">Por otra parte, conviene tener presente que el agente infiltrado deber&iacute;a tener unas cualidades propicias para permanecer estable en un entorno hostil, garantizar sus habilidades de procesamiento de la informaci&oacute;n y, adem&aacute;s, contener las posibilidades de se produzcan conflictos de lealtades grupales (hacia el grupo criminal, hacia el grupo originario del agente), haciendo que el agente opere conductualmente bajo una identidad que no necesariamente va a coincidir con los par&aacute;metros de su identidad personal. De este modo, prestando atenci&oacute;n a otros cl&uacute;ster m&aacute;s propiamente fisiol&oacute;gico-emocionales o conductuales, el que pudi&eacute;ramos denominar perfil protot&iacute;pico de este tipo de agentes se beneficiar&iacute;a de la presencia de otros paquete de par&aacute;metros, como la estabilidad emocional, la baja ansiedad rasgo y la alta tolerancia a la frustraci&oacute;n, que aportar&iacute;an una idea de la capacidad de respuesta adaptativa del candidato ante entornos de alta acumulaci&oacute;n de estresores. O bien el paquete de caracter&iacute;sticas compuesto por el rasgo b&uacute;squeda de sensaciones, el locus de control (se buscar&aacute;n locus internos, ligados a la tareas de capacidad en contextos de logro), en conjunci&oacute;n con un an&aacute;lisis del elemento motivacional y la autoeficacia percibida. Igualmente, la evaluaci&oacute;n deber&iacute;a detallar el repertorio de habilidades de afrontamiento, de soluci&oacute;n de problemas y sociales que, desde una l&iacute;nea base, ser&aacute;n adem&aacute;s entrenadas en una posterior fase espec&iacute;fica de capacitaci&oacute;n del candidato.</p><p align="justify">Con todo, en operaciones especiales de infiltraci&oacute;n la participaci&oacute;n de la ciencia psicol&oacute;gica en las fases de reclutamiento puede ser tan sustancial como debe serlo la introducci&oacute;n de esquemas de intervenci&oacute;n en las fases de capacitaci&oacute;n y, m&aacute;s tarde, de seguimiento del agente infiltrado una vez residente en el grupo criminal objeto de la operaci&oacute;n de inteligencia. Uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s sensibles en la infiltraci&oacute;n es la salud psicol&oacute;gica del agente. Est&aacute; sometido al impacto de las derivaciones negativos de la clandestinidad pero, sobre todo, a una presi&oacute;n constante en su autoconcepto, en su esquema identitario. As&iacute; pues, la fase de capacitaci&oacute;n, desde una perspectiva psicol&oacute;gica, es ideal para introducir procedimientos dedicados a establecer, configurar e implantar una identidad psicol&oacute;gica supuesta en un agente infiltrado designado para ejecutar una misi&oacute;n</p><p align="justify">de infiltraci&oacute;n concreta. El procedimiento, que puede considerarse una etapa avanzada de la especializaci&oacute;n en infiltraci&oacute;n para un agente, est&aacute; estrechamente asociado a la dimensi&oacute;n operativa de la operaci&oacute;n de inteligencia. En el proceso se buscar&aacute; garantizar que el agente contraterrorista asuma una identidad supuesta con garant&iacute;as de representarla con el m&aacute;ximo grado de eficacia, al mismo tiempo que protege psicol&oacute;gicamente y refuerza los elementos constituyentes de su identidad real.</p><p align="justify">La definici&oacute;n de una identidad supuesta con garant&iacute;as, como he mencionado, sobrepasa la mera emisi&oacute;n de documentos acreditativos. A nuestros efectos, los psicol&oacute;gicos, pasa por configurar un rol a representar con eficacia dentro de un horizonte de estabilidad temporal. Esto comprende, sin ser exhaustivos, adem&aacute;s de la estructuraci&oacute;n de un perfil biogr&aacute;fico ficticio, el dimensionamiento de un perfil b&aacute;sico de personalidad sobre la cual tendr&aacute; que pivotar la representaci&oacute;n del agente, la definici&oacute;n de una base t&iacute;pica para repertorio conductual y la especificaci&oacute;n de un estilo de relaci&oacute;n interpersonal. Todos estos componentes encuentran en el role playing y en la pr&aacute;ctica masiva referentes esenciales en la inmersi&oacute;n de quien ser&aacute; un agente en su nueva identidad. El procedimiento pasa por la generaci&oacute;n de scripts conductuales, la asociaci&oacute;n de emociones en un m&eacute;todo muy parecido al Stalisnavsky para el teatro, para llegar a interiorizar cognitivamente todas las piezas. Una parte esencial en este moldeamiento formativo de un agente de inteligencia para labores de infiltraci&oacute;n descansa en el afloramiento y reforzamiento de su autoconcepto policial, militar o institucional a fin de protegerla del impacto nocivo de la clandestinidad. En este punto, se hace especial hincapi&eacute; en la visibilizaci&oacute;n y reforzamiento de la codificaci&oacute;n moral del individuo, considerado un componente primario del autoconcepto. </p><p align="justify">En el seguimiento del desarrollo operativo de la misi&oacute;n del agente parecer oportuno contar con un servicio psicol&oacute;gico especializado que asesore al oficial de control o handler, encargado de servir de nexo de uni&oacute;n y comunicaci&oacute;n entre el agente infiltrado y la organizaci&oacute;n de inteligencia, acerca de las contramedidas m&aacute;s oportunas antes los efectos negativos de la clandestinidad. La contribuci&oacute;n de la ciencia psicol&oacute;gica, a trav&eacute;s del oficial de control, tiene por objeto la detecci&oacute;n precoz de indicadores de riesgo en la estabilidad del agente; el reforzamiento de conductas deseables; la protecci&oacute;n contra los sentimientos de doble traici&oacute;n que suelen emerger en el tipo de operaciones a las que nos referimos.</p><p align="justify">De nuevo sin pretensiones de detalle, la detecci&oacute;n de indicadores de riesgo se desarrolla a trav&eacute;s de planos conductuales (conductas de evitaci&oacute;n, agitaci&oacute;n motora, hipervigilancia, irritabilidad, hostilidad, conductas de riesgo, prodigalidad, promiscuidad, pobre aspecto e higiene), cognitivo-emocionales (labilidad, inseguridad, apat&iacute;a, sobreargumentaci&oacute;n, fatiga mental, anhedonia, negaci&oacute;n o exageraci&oacute;n sistem&aacute;tica) profesionales (incumplimiento de responsabilidades, sobrecarga de trabajo, comprensi&oacute;n con ideolog&iacute;a criminal, cr&iacute;tica excesiva del sistema) y f&iacute;sicos (frecuentes enfermedades menores, dolores sistem&aacute;ticos, automedicaci&oacute;n de riesgo, trastornos digestivos y alimenticios). </p><strong><p align="justify">Capacidades de an&aacute;lisis y personalidad institucional</p></strong><p align="justify">Aunque parezca evidente, no es ocioso relacionar el pool disciplinar de la investigaci&oacute;n b&aacute;sica en psicolog&iacute;a de la atenci&oacute;n, percepci&oacute;n y el procesamiento de la informaci&oacute;n, con las capacidades anal&iacute;ticas de los recursos humanos de los &oacute;rganos de inteligencia. Bastante antes del terrorismo en masa del 11-S, voces autorizadas en la comunidad de inteligencia de los EE. UU. ya advert&iacute;an de determinadas tendencias viciadas que se hab&iacute;an instalado en los sistemas anal&iacute;ticos de aquel pa&iacute;s y que, por supuesto, podemos entender extendidos a la mayor&iacute;a de los servicios occidentales. En 1993 y 1996, Mark Lowentha (1993) y Bradford Westerfield (1996) argumentaban que las dos patolog&iacute;as modernas del an&aacute;lisis de inteligencia eran (y contin&uacute;an siendo, a mi juicio) su politizaci&oacute;n, por una parte, y su incapacidad para procesar adecuadamente escenarios de incertidumbre, por otra.</p><p align="justify">Respecto a la politizaci&oacute;n de la inteligencia, dec&iacute;a Westerfield, su efecto m&aacute;s perverso, en el lado del analista, se observa en informes que confieren m&aacute;s probabilidad de ocurrencia a sucesos que se consideren m&aacute;s probables a priori en el pensamiento dominante de la corriente pol&iacute;tica en el poder en un instante determinado (por ejemplo, los informes que pon&iacute;an de manifiesto la enorme amenaza que supon&iacute;a Sadam Hussein fueron consumidos y asimilados por las autoridades de EEUU sin ninguna resistencia). En el lado del consumidor del informe, entonces, la politizaci&oacute;n de la inteligencia se traduce en conceder una mayor virtualidad y, por ende, en otorgar medios para desarrollar acciones en base a ello, a an&aacute;lisis que coincidan con su planteamiento respecto al asunto del que se trate. En investigaci&oacute;n en el &aacute;rea de la psicolog&iacute;a cognitiva se han dedicado innumerables experimentos a demostrar, con &eacute;xito abrumador, que cuando un esquema mental para explicar cierto escenario social est&aacute; s&oacute;lidamente alojado en nuestro cerebro, si la informaci&oacute;n que procesamos de nuestro entorno no es coincidente con la perspectiva que ya hemos asumido, no modificamos nuestros esquemas para adaptarlos a la realidad, sino que por el contrario intentamos deformar la realidad para ajustarla a nuestros esquemas. Los analistas deber&iacute;an est&aacute;n entrenados para evitar este efecto, aunque sus intereses personales o corporativos aconsejan a veces politizar sus conclusiones. </p><p align="justify">En cuanto a la segunda patolog&iacute;a de la inteligencia, que Lowenthal denomina "la lucha contra lo incre&iacute;ble", las cosas son m&aacute;s complejas si cabe, pues se relacionan &iacute;ntimamente con la previsi&oacute;n cualitativa y con los escenarios culturalmente aceptables. Este tipo de previsiones, que a diferencia de las predicciones meteorol&oacute;gicas no est&aacute;n basadas en c&aacute;lculos matem&aacute;ticos, est&aacute;n dedicadas a conocer futuros probables y posibles a partir de an&aacute;lisis conceptuales y de significados, es decir, a describir el comportamiento de un fen&oacute;meno complejo y a trazar su evoluci&oacute;n y tendencia. El objetivo ser&iacute;a, de esta manera, anticiparse con acciones a un punto determinado de la tendencia evolutiva de un problema, i.e. el terrorismo, cortocircuitando su desarrollo (represi&oacute;n preventiva, lo han bautizado, y empezado a aplicar contra Iraq). Sin embargo, la utilizaci&oacute;n de herramientas para el an&aacute;lisis cualitativo era tan precaria en 1993 como ahora. A pesar de que desde mucho antes se cuenta con t&eacute;cnicas como la de escenarios, que permite construir futuribles a partir de una combinaci&oacute;n precisa de indicadores, son del todo escasos los analistas realmente capacitados para implementarla y los pol&iacute;ticos preparados para consumir los informes de ella derivados. A ello a&ntilde;adimos la dificultad de los propios analistas para valorizar piezas de informaci&oacute;n muy novedosas (por ejemplo, contextualizar adecuadamente indicios que le dec&iacute;an al FBI que cierto n&uacute;mero de personas tomaban clases de vuelo dentro de los propios EEUU) cuya combinaci&oacute;n anal&iacute;tica resulta en combinaciones concluyentes que resultan incre&iacute;bles (estrellar aviones contra las Torres Gemelas) para los modelos mentales sesgados del propio analista, incapaz de liberarse de sus creencias sobre c&oacute;mo debe de funcionar el mundo y hasta d&oacute;nde es capaz de llegar la conducta humana.</p><p align="justify">Por otra parte, algunos especialistas (Jenkins, 2004) en el fen&oacute;meno terrorista se preguntan si no ser&aacute; que los servicios de inteligencia no est&aacute;n psicol&oacute;gicamente preparados para manejar la naturaleza din&aacute;mica y cambiante del terrorismo global. Instituciones contraterroristas ancladas en estructuras muy burocratizadas, procedimientos operativos r&iacute;gidos, infravaloraci&oacute;n de la cultura de an&aacute;lisis, an&eacute;mica y poco imaginativa gesti&oacute;n de las fuentes humanas de informaci&oacute;n. </p><p align="justify">Habitualmente, en los &oacute;rganos de inteligencia contraterrorista existe confusi&oacute;n entre la direcci&oacute;n y el an&aacute;lisis. Los servicios contraterroristas est&aacute;n demasiado abajo en los organigramas policiales como para producir an&aacute;lisis que tengan en cuenta todos los elementos. Cuando encontramos aunque sea un analista org&aacute;nicamente m&aacute;s arriba, no tiene acceso a informaci&oacute;n operativa, y por tanto sus interpretaciones est&aacute;n minusv&aacute;lidas. Ahora mismo no existe un solo analista profesional de la seguridad p&uacute;blica que pueda interpretar un mapa completo de las investigaciones sobre terrorismo en muchos pa&iacute;ses por su incapacidad para manejar, al mismo tiempo, todas las piezas del puzzle informativo de inter&eacute;s. En los algunos modelos, a menudo es un directivo en alg&uacute;n v&eacute;rtice institucional quien puede llegar a acumular todas las claves, pero no est&aacute; necesariamente preparado en metodolog&iacute;a de an&aacute;lisis, pues no es un t&eacute;cnico, para procesar concluyentemente todas las piezas de informaci&oacute;n. </p><p align="justify">En ciertos pa&iacute;ses, las libertades p&uacute;blicas se garantizan en base a un modelo que ha alimentado una cultura de seguridad p&uacute;blica sustanciada en la competencia entre dos o m&aacute;s cuerpos nacionales de seguridad o polic&iacute;a. Tal esquema tiene ventajas e inconvenientes. Entre los problemas, fraguados en d&eacute;cadas, cuenta el que los servicios de inteligencia hayan desarrollado personalidades institucionales donde la propiedad de la informaci&oacute;n y de sus fuentes es un valor. </p><p align="justify">La cultura institucional o personalidad corporativa determina el comportamiento de las organizaciones. Igual que la personalidad individual marca la conducta del ser humano. La orientaci&oacute;n de los servicios de informaci&oacute;n de las fuerzas de seguridad est&aacute; muy influida por la identidad policial o militar de sus miembros. Por lo que respecta al Centro Nacional de Inteligencia en Espa&ntilde;a, por ejemplo, es predominante una cultura militar heredada de sus organizaciones matrices, desde el Servicio Central de Documentaci&oacute;n (SECED) franquista hasta el reciente Centro Superior de Informaci&oacute;n de la Defensa (CESID), aun a pesar de la entrada entre sus directivos de personal civil universitario. Pues bien, la identidad policial o militar de los agentes de inteligencia contraterrorista no es necesariamente negativa, pero imprime ciertos condicionantes.</p><p align="justify">En primera instancia, los c&oacute;digos morales. Es ineludible que los defensores de la ley consideren que est&aacute;n en el lado del Bien, del bien con may&uacute;sculas. Terroristas y criminales estar&iacute;an ocupar&iacute;an el lado del mal. La l&iacute;nea divisoria, evidentemente, es el Estado de Derecho. Tal radicaci&oacute;n moral, ya digo absolutamente imprescindible en la defensa de la ley, de alguna manera sesga la aproximaci&oacute;n a los fen&oacute;menos criminales complejos. La interpretaci&oacute;n de la realidad terrorista debe tener en cuenta su vertiente moral, incluso la emocional, su pretendida ideolog&iacute;a, y cada uno de los componentes de la sociedad en que se inscribe. Sin embargo, en el proceso de interpretaci&oacute;n, el analista debe "suspender" su identidad policial, militar o asimilada. Es un proceso dif&iacute;cil de lograr, pero entrenable. </p><p align="justify">Otra cuesti&oacute;n, presente en la comunidad de inteligencia en medida variable, es la rigidez en el razonamiento anal&iacute;tico. Esta rigidez se nutre, esencialmente, de tres tapones, uno estructural, otro metodol&oacute;gico y un &uacute;ltimo procedimental. El estructural procede de una jerarqu&iacute;a vertical muy burocratizada, incompatible con el comportamiento de amenazas flexibles, din&aacute;micas y horizontales (Esteban Navarro, 2004). La iniciativa y la innovaci&oacute;n est&aacute;n penalizadas por el sistema, que tiende al conservadurismo extremo. En cambio, anticiparse al terrorismo requiere capacidad de proyectar escenarios, de ruptura, de manejar con soltura el pensamiento divergente. La cultura institucional de los servicios de inteligencia sanciona la creatividad en beneficio de la burocracia.</p><p align="justify">El obst&aacute;culo metodol&oacute;gico procede de una deficiente especializaci&oacute;n en herramientas de procesamiento anal&iacute;tico de la informaci&oacute;n. Aunque parezca sorprendente, los centros de conocimiento por excelencia, institutos de investigaci&oacute;n o universidad, no transfieren con el dinamismo deseable todo el saber instrumental sobre herramientas para pensar, para extraer conclusiones. Son pocos los analistas de contraterrorismo capaces de extraer hip&oacute;tesis y conclusiones como si fueran cient&iacute;ficos. Es m&aacute;s, se trata de una orientaci&oacute;n cultural no demasiado bien vista por la personalidad institucional. Progresivamente se est&aacute;n abriendo puentes de comunicaci&oacute;n entre ambos mundos, pero contin&uacute;an lentos y desconfiados.</p><p align="justify">En cuanto al tap&oacute;n procedimental, que intima con la identidad policial de la mayor&iacute;a de los analistas, est&aacute; imbricado en la excesiva dependencia de los hechos a la hora de interpretar la realidad. La dependencia de los hechos es el eje medular, sin duda, de las investigaciones policiales. Lo que ocurre es que esta dependencia se ha alojado en la personalidad grupal de los servicios contraterroristas de manera que a sus analistas les provoca verdadero p&aacute;nico razonar, y mucho m&aacute;s hablar, en t&eacute;rminos de probabilidad de ocurrencia. El grueso de los an&aacute;lisis se detienen en cuanto el especialista que los redacta se encuentra ante escenarios cargados de incertidumbre. El analista no se atrever&aacute; a extraer conclusiones y, probablemente si en una pulsi&oacute;n de osad&iacute;a lo hace, no encontrar&aacute; los medios para transmitir con eficacia el escenario a sus superiores.</p><p align="justify">La soluci&oacute;n no pasa, desde luego, por fracturar completamente la actual personalidad. La alternativa vendr&iacute;a de introducir, en el interior mismo de los servicios de inteligencia, mecanismos de correcci&oacute;n para compensar las derivas contraproducentes que pudieran tener esas personalidades organizacionales.</p><p align="justify">Una propuesta interesante es la creaci&oacute;n de equipos creativos, dotados de alta funcionalidad prospectiva, en los servicios de inteligencia. Estructuralmente no ser&iacute;an nada costosos. Media docena de personas adscritas a los directores de inteligencia en cada una de las instituciones. Habilitaci&oacute;n m&aacute;xima de seguridad y acceso a toda la informaci&oacute;n operativa y de inteligencia. Perfecta interiorizaci&oacute;n de la cultura de su propia organizaci&oacute;n y conocimiento enciclop&eacute;dico e &iacute;ntimo del fen&oacute;meno terrorista. Capacitaci&oacute;n especializada en todo tipo de an&aacute;lisis, t&eacute;cnicas de razonamiento, de control de sesgos, de interpretaci&oacute;n de realidades complejas, de construcci&oacute;n de escenarios prospectivos. Es evidente el papel de la ciencia de la psicolog&iacute;a aqu&iacute;. Dentro de esos equipos, la innovaci&oacute;n y pensar sobre lo "aparentemente" imposible estar&iacute;an incentivados. Un aporte m&aacute;s a los resultados cl&aacute;sicos de la personalidad institucional, que se han revelado muy eficaces hasta ahora, aunque limitados cuando nos encontramos con escenarios extremos. Como el 11 de septiembre de 2001 en EEUU o el 11 de marzo de 2004 en Madrid. </p><p align="justify">En suma, estamos ante un reto formidable para las instituciones de inteligencia y seguridad de los Estados, que deben hacer uso de medios de obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n m&aacute;s potentes e incisivos como las operaciones de infiltraci&oacute;n a largo plazo, pero tambi&eacute;n multiplicar el esfuerzo de sus &oacute;rganos de an&aacute;lisis para liberarlos de viejas patolog&iacute;as que cronifican rigideces estructurales. La garant&iacute;a de una seguridad efectiva contra el terrorismo y el crimen organizado transnacional, ambos fen&oacute;menos complejos, depende hoy m&aacute;s que nunca de sistemas de inteligencia leg&iacute;timos, flexibles y libres de anclajes racionales disfuncionales.</p>]]></description>            <pubDate>Wed, 18 Jun 2008 12:30:00 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>¿QUÉ HACE COMPETENTE A UN PSICÓLOGO? de Robert Roe</title>            <link>http://quedadas.blogcindario.com/2008/06/00054-que-hace-competente-a-un-psicologo-de-robert-roe.html</link>            <description><![CDATA[Traducido al castellano por Agust&iacute;n Romero Medina.<br /><br /><p align="justify">Desde hace unos a&ntilde;os ha aumentado el inter&eacute;s en las cualidades de los psic&oacute;logos para ejercer exitosamente su profesi&oacute;n y en la forma de lograr esas cualidades. Se reconoce cada vez m&aacute;s que un acuerdo acerca de la definici&oacute;n de esas cualidades es esencial para evaluar y mejorar los actuales programas de formaci&oacute;n y para desarrollar un sistema compartido de reconocimiento de la calidad en la pr&aacute;ctica profesional del psic&oacute;logo. Esto es particularmente relevante en una Europa pol&iacute;tica y econ&oacute;micamente unificada donde la movilidad educativa y laboral en un objetivo importante. Como en otras profesiones, la Comisi&oacute;n Europea ha apoyado los esfuerzos tendentes a una mayor armonizaci&oacute;n de los curricula de psicolog&iacute;a en las universidades europeas y el desarrollo de est&aacute;ndares profesionales comunes en la psicolog&iacute;a europea. Ya en 1989 el <em>European Network of Organizational and Work Psychologists</em> consigui&oacute; una ayuda para llevar a cabo una encuesta y desarrollar un marco curricular en psicolog&iacute;a organizacional y del trabajo (Roe <em>et al.</em>, 1994; ENOP, 1998). Un grupo de trabajo de psic&oacute;logos europeos, que llevaron a cabo similares actividades para la formaci&oacute;n de los psic&oacute;logos en general, ha publicado recientemente un informe titulado "<em>EuroPsyT, A Framework for Education and Training for Psychologists in Europe</em>" (Lunt, 2000; Lunt <em>et al.</em>, 2001a). Un segundo grupo de trabajo ha comenzado a desarrollar un sistema de acreditaci&oacute;n que incluir&aacute; el Diploma Europeo en Psicolog&iacute;a.</p><p align="justify">Una de las cuestiones que surgen al intentar definir las cualidades de los psic&oacute;logos es si concentrarse en lo que se debe <em>ense&ntilde;ar</em> a los estudiantes en orden a convertirse en psic&oacute;logos competentes, o en las <em>competencias </em>que los psic&oacute;logos entrenados deben demostrar si est&aacute;n cualificados para la pr&aacute;ctica independiente. En otras palabras, &iquest;debemos focalizarnos en el "<em>input</em>" o en el "<em>output</em>" del sistema por el que los psic&oacute;logos son preparados para la pr&aacute;ctica? Una cuesti&oacute;n relacionada es c&oacute;mo definir y medir las diversas cualidades que deben lograrse. En este art&iacute;culo se analizan brevemente las ventajas y limitaciones de los modelos de <em>input</em>. y <em>output</em> y describo las diferencias entre estos tipos de modelos en t&eacute;rminos de competencias. Introduzco entonces un modelo comprensivo de competencia desarrollado antes (Roe, 1999b; Roe, 2001, 2002) y demuestro que puede ayudar exitosamente a relacionar los modelos de <em>input</em> y <em>output</em>. Despu&eacute;s planteo los pasos necesarios para construir un perfil comprensivo de competencia para la profesi&oacute;n psicol&oacute;gica y brevemente reviso nuestros conocimientos actuales acerca de las competencias requeridas. Finalmente, menciono algunas aplicaciones potenciales del modelo de competencias en la construcci&oacute;n de un sistema para desarrollar y mantener la profesi&oacute;n psicol&oacute;gica.</p><p align="justify"><strong>EL PSIC&Oacute;LOGO EN EL TRABAJO</strong></p><p align="justify">Mientras que los psic&oacute;logos han estudiado extensamente el trabajo de otras personas, han dedicado escasa atenci&oacute;n a su propio trabajo. Relativamente pocas publicaciones se han dedicado al contenido de la profesi&oacute;n psicol&oacute;gica. Ver como texto de referencia los de Peterson <em>et al. </em>(1992), BPS (1995), Pryzwansky and Wendt (1999), y Hartley y Branthwaite (2000). Aunque hay diversas posibles definiciones, he elegido para definir al psic&oacute;logo como "un profesional educado acad&eacute;micamente que ayuda a sus clientes a entender y resolver problemas aplicando las teor&iacute;as y m&eacute;todos de la psicolog&iacute;a". As&iacute;, la ruta hacia la profesi&oacute;n, es decir, la educaci&oacute;n acad&eacute;mica, es un elemento clave en la definici&oacute;n del psic&oacute;logo. Como en otras profesiones, hay diversas especialidades dentro de la profesi&oacute;n psicol&oacute;gica. As&iacute;, es habitual diferenciar entre psic&oacute;logos cl&iacute;nicos, psic&oacute;logos educativos y psic&oacute;logos infantiles. Pero tambi&eacute;n hay referencias a psic&oacute;logos de la salud, psic&oacute;logos del tr&aacute;fico, psic&oacute;logos del deporte, psic&oacute;logos forenses y psic&oacute;logos de la econom&iacute;a (por ejemplo, Anastasi, 1979; Roe, 1984). Dos importantes observaciones deben hacerse: Primera, no hay una base sistem&aacute;tica simple para diferenciar entre las especialidades. Las principales &aacute;reas de especializaci&oacute;n difieren con respecto al rol de los clientes o sujetos, el marco institucional en que deben situarse, el tipo de problemas a los que deben dirigirse, las conductas del cliente que deben identificarse como normales o anormales, etc. Segunda, no hay algo llamado "generalista" en psicolog&iacute;a: Todos los profesionales psic&oacute;logos de alg&uacute;n modo ejercen como especialistas. En este aspecto la psicolog&iacute;a se parece a la profesi&oacute;n de ingeniero y difiere de la profesi&oacute;n m&eacute;dica.</p><p align="justify">Ambos puntos son relevantes cuando venimos a definir las cualificaciones del psic&oacute;logo profesional. Puesto que no hay una base sistem&aacute;tica clara para diferenciar entre especialidades, es dif&iacute;cil identificar requisitos &uacute;nicos y comunes para <em>todos </em>los psic&oacute;logos. Y puesto que no hay solapamiento entre especialidades en la forma de un "psic&oacute;logo general", s&oacute;lo podemos inferir elementos comunes desde una comparaci&oacute;n entre ellas. As&iacute;, las comunalidades entre el psic&oacute;logo infantil y el psic&oacute;logo organizacional y del trabajo deben fundamentarse abstrayendose de la situaci&oacute;n actual de trabajo, el objeto del trabajo, y las actividades de los respectivos psic&oacute;logos. Esto significa que estamos forzados a usar t&eacute;rminos gen&eacute;ricos tales como "diagn&oacute;stico", "evaluaci&oacute;n" o "desarrollo de un plan de intervenci&oacute;n", que se apliquen a casi cualquier situaci&oacute;n profesional &ndash;e ignorar el hecho de que, digamos, el an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n familiar de un ni&ntilde;o y el an&aacute;lisis del trabajo de un empleado requieren diferentes actividades y t&eacute;cnicas.</p><p align="justify">Otra forma de afrontar la situaci&oacute;n es examinar los elementos comunes en los <em>curricula</em> formativos que conducen a la cualificaci&oacute;n del psic&oacute;logo en los respectivos campos. En este caso, tenemos que basarnos en los t&eacute;rminos en que se describen los contenidos o m&eacute;todos formativos, tales como "curso en psicolog&iacute;a social" o "practicum en estad&iacute;stica multivariada". En funci&oacute;n de que los <em>curricula</em> a menudo se diferencian seg&uacute;n la especialidad, las comunalidades curriculares tambi&eacute;n deben hallarse en un nivel algo m&aacute;s abstracto &ndash;por ejemplo, "recopilaci&oacute;n de datos" o "informe escrito".</p><p align="justify">La necesidad de abstracci&oacute;n al definir la profesi&oacute;n se amplifica cuando consideramos a los psic&oacute;logos formados y empleados en distintos pa&iacute;ses. A pesar de una creciente convergencia durante las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, todav&iacute;a se pueden observar diferencias significativas entre los pa&iacute;ses europeos (al igual que con pa&iacute;ses de otras partes del mundo). Las diferencias existen, por ejemplo, en la duraci&oacute;n total del curriculum, los contenidos no psicol&oacute;gicos, el grado de especializaci&oacute;n, el tratamiento de la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica, etc. (por ejemplo, Newstead &amp; Makkinen, 1997; Green, Wolf &amp; Leney, 1999). Asimismo, hay sustanciales diferencias en los contextos ocupacionales en los que operan los psic&oacute;logos. Los contextos pueden caracterizarse por aspectos tales como la prevalencia de empleo en la pr&aacute;ctica independiente, la influencia de los gobiernos en la pr&aacute;ctica, la amplitud de las regulaciones legales u otras, la protecci&oacute;n del t&iacute;tulo de psic&oacute;logo, la posici&oacute;n relativa en la competencia con otros profesionales (por ejemplo, la profesi&oacute;n m&eacute;dica), el poder de los colegios profesionales y sindicatos, etc. (ver, por ejemplo, Pulverich, 1997; Lunt et al., 2001b). Tales diferencias pueden significar que los psic&oacute;logos cl&iacute;nicos en Noruega, B&eacute;lgica y Grecia realizan actividades laborales muy diferentes, a pesar de que parten de la misma base de conocimientos. Debe tenerse en cuenta que algunas especialidades psicol&oacute;gicas, tales como psic&oacute;logo comunitario, psic&oacute;logo ocupacional y psic&oacute;logo de la ingenier&iacute;a podr&iacute;an darse s&oacute;lo en un determinado pa&iacute;s o regi&oacute;n y no en todos los pa&iacute;ses europeos.</p><p align="justify">As&iacute;, parece que definir las cualificaciones del psic&oacute;logo no es una cuesti&oacute;n sencilla. Nuestra breve discusi&oacute;n nos lleva al n&uacute;cleo del problema de c&oacute;mo capturar los rasgos distintivos de la profesi&oacute;n, es decir, bajo el denominado modelo de <em>input</em> o con el modelo de <em>output</em>.</p><p align="justify"><strong>MODELOS DE INPUT Y OUTPUT</strong></p><p align="justify">Siendo nuestro prop&oacute;sito describir y estandarizar las cualificaciones de los psic&oacute;logos en Europa, podemos seguir dos caminos principales: Podemos concentrarnos en la ruta educativa que proporciona el derecho legal para llamarse uno mismo psic&oacute;logo o proporciona los requisitos para la pr&aacute;ctica independiente; o podemos examinar las competencias que los psic&oacute;logos deben tener en orden a llevar a cabo su rol propiamente. El primer enfoque ha sido adoptado por el grupo de trabajo de ENOP que desarroll&oacute; los estandares para la psicolog&iacute;a europea del trabajo y las organizaciones (Roe <em>et al.</em>, 1994; ENOP, 1998) as&iacute; como por el equipo EuroPsyT, el cual formul&oacute; los estandares para la psicolog&iacute;a en su conjunto (Lunt <em>et al.</em>, 2001a). El segundo enfoque ha sido seguido por Bartram (1996, 2000a, 2000b) y otros (BPS, 2001); Consultative Working Group, 1998; NCVQ, 1991, 1995) en Gran Breta&ntilde;a.</p><p align="justify">A primera vista, el modelo de <em>input</em> tiene una ventaja pr&aacute;ctica obvia. Puesto que la educaci&oacute;n acad&eacute;mica es contemplada como un prerrequisito para convertirse en psic&oacute;logo en todos los pa&iacute;ses europeos, y puesto que el contenido curricular est&aacute; t&iacute;picamente codificado y disponible f&aacute;cilmente, es pues la m&aacute;s f&aacute;cil y r&aacute;pida ruta para lograr alg&uacute;n grado de estandarizaci&oacute;n. Aunque esta ruta no se sigue sin dificultad y esfuerzo, es al menos factible. Puesto que podemos conseguir ampliamente la informaci&oacute;n disponible y los sistemas de control basados en la universidad, los costes de aplicar un sistema de <em>input</em> son limitados. Una segunda ventaja es que toca una cuesti&oacute;n fundamental, es decir, la esencial autonom&iacute;a inherente a todas las profesiones aprendidas &ndash;incluida la psicolog&iacute;a- que implica que la v&iacute;a por la cual operan los profesionales para delinear el problema del cliente y por la que aplican el conocimiento de su disciplina queda a su discreci&oacute;n. Cualquier v&iacute;a para estandarizar el <em>output</em> socavar&iacute;a la autonom&iacute;a intelectual del profesional y frustrar&iacute;a la necesidad de innovaci&oacute;n en marcha. Sin embargo, hay tambi&eacute;n inconvenientes en el enfoque de <em>input</em>. Primero, s&oacute;lo abarca las condiciones para lograr un nivel b&aacute;sico de competencia profesional y deja intacto el desarrollo de niveles superiores de competencia. Segundo, est&aacute; limitado en sus efectos puesto que completar los estudios acad&eacute;micos en psicolog&iacute;a no garantiza la capacidad para actuar con &eacute;xito como profesional. Incluso aunque el contexto ocupacional en cada pa&iacute;s proporcionase alguna conexi&oacute;n entre el <em>input</em> y el <em>output</em>, no hay garant&iacute;a de que el <em>output</em> siempre logre los estandares. Tercero, comparar los sistemas educativos entre pa&iacute;ses es una tarea demandada, complicada por las diferencias culturales y de idioma que no siempre es f&aacute;cil de acomodar.</p><p align="justify">La ventaja primaria de un modelo de <em>output</em>, por otra parte, es que se centra en las competencias demandadas por la pr&aacute;ctica. As&iacute;, con la adecuada evaluaci&oacute;n, uno ser&iacute;a capaz de averiguar de forma directa si un psic&oacute;logo posee o no un nivel suficiente de destreza [<em>expertise</em>]. Esto hace m&aacute;s f&aacute;cil garantizar al p&uacute;blico un cierto nivel de cualificaci&oacute;n y proporciona indicaciones concernientes a los d&eacute;ficits en competencia y mejoras requeridas en la pr&aacute;ctica. Una desventaja obvia de los modelos de <em>output</em> es que la evaluaci&oacute;n de las competencias individuales es engorrosa y por consiguiente consume tiempo y costes. Esto es particularmente cierto debido a la necesidad de evaluaci&oacute;n inter-cultural. Las diferencias entre contextos ocupacionales y contenidos del trabajo entre pa&iacute;ses mencionadas antes hace que un sistema que produzca evaluaciones equivalentes es muy dif&iacute;cil de lograr. Adem&aacute;s, est&aacute; la dificultad de definir las competencias de forma que se puedan aplicar a todas las especialidades. Elegir un nivel m&aacute;s alto de abstracci&oacute;n parece ofrecer una v&iacute;a para ello, pero a la vez reduce mucho la precisi&oacute;n operativa que precisamente es lograr hacer m&aacute;s atractivos a los modelos de <em>output</em>. Sin embargo, la abstracci&oacute;n no carece de riesgos. Como discuto m&aacute;s adelante, se puede amenazar la l&oacute;gica de la evaluaci&oacute;n de las competencias. El principal inconveniente se sigue del punto tratado antes, es decir, los <em>outputs</em> fijados pueden crear un conflicto con la autonom&iacute;a, que es una caracter&iacute;stica definitoria de un profesional. Delinear y describir competencias relacionadas con la actividad profesional del psic&oacute;logo puede consistir en listas de demandas que son m&aacute;s f&aacute;ciles de cumplir en personas de profesiones no acad&eacute;micas que carecen del rasgo de la autonom&iacute;a profesional que en los propios psic&oacute;logos. Esta consecuencia parad&oacute;jica no beneficiar&iacute;a a la profesi&oacute;n psicol&oacute;gica ni al cliente. Una limitaci&oacute;n final del modelo de <em>output</em> es que proporciona escasa o ninguna informaci&oacute;n a la ruta educativa de competencia profesional b&aacute;sica.</p><p><strong>HACIA UN MODELO COMPRENSIVO DE COMPETENCIA</strong></p><p align="justify">Aunque se han asignado diferentes significados a la noci&oacute;n de competencia (por ejemplo, Spencer &amp; Spencer, 1993; Mansfeld, 1996; Fletcher, 1997), hay un creciente consenso en la literatura referente a que la competencia debe definirse como "una capacidad aprendida para realizar adecuadamente una tarea, funciones o rol" (Roe, 2002). Hay dos rasgos distintivos de la noci&oacute;n de competencia, es decir, que se relaciona con un tipo espec&iacute;fico de trabajo para ser realizado en un contexto de trabajo particular y que integra diversos tipos de conocimientos, habilidades y actitudes. Ejemplos de competencias son hacer un plan presupuestario (economista), preparar un contrato (abogado), llevar a cabo la extracci&oacute;n de una muela (dentista), proporcionar terapia de conducta (psic&oacute;logo cl&iacute;nico), desarrollar y aplicar un procedimiento de selecci&oacute;n de personal (psic&oacute;logo del trabajo y las organizaciones). Las competencias se adquieren t&iacute;picamente en un proceso de "aprender haciendo" [<em>learning by doing</em>] en la situaci&oacute;n actual de trabajo, durante las pr&aacute;cticas externas [<em>internship</em>] o en una situaci&oacute;n de aprendizaje basado en simulaci&oacute;n. Es importante notar las diferencias entre competencias, por un lado, y conocimientos, habilidades y actitudes por otro lado. Los &uacute;ltimos difieren de las competencias en que son m&aacute;s elementales, es decir, pueden ser desarrolladas aisladamente, evaluadas separadamente y aplicadas en m&uacute;ltiples competencias. As&iacute;, el conocimiento del lenguaje y las matem&aacute;ticas, las habilidades para escribir o hablar y las actitudes de cuidado y orientaci&oacute;n de servicio pueden cada una aparecer en distintos contextos de trabajo e integradas en m&uacute;ltiples competencias. Conocimientos, destrezas y actitudes son t&iacute;picamente adquiridos durante la carrera educativa de cada uno, en sucesivas situaciones escolares de aprendizaje.</p><p align="justify">El hecho de que las competencias sean espec&iacute;ficas a un tipo particular de trabajo no significa que puedan siempre ser claramente delimitadas. La raz&oacute;n es que los l&iacute;mites entre tareas, funciones y roles no siempre est&aacute;n claros. Por ejemplo, las tareas pueden ser definidas m&aacute;s ampliamente o m&aacute;s estrechamente, dependiendo del contexto organizacional. En psicolog&iacute;a del trabajo (por ejemplo, Hacker, 1998) las tareas se entienden como organizadas en jerarqu&iacute;as, de modo que sus niveles superiores -funciones y roles- son m&aacute;s espec&iacute;ficos y los niveles m&aacute;s inferiores de ellas consisten en partes m&aacute;s gen&eacute;ricas. Las competencias que se corresponden a tareas de inferior nivel &ndash;tambi&eacute;n llamadas subtareas- pueden designarse como "competencias gen&eacute;ricas" o "subcompetencias". Yo prefiero usar el &uacute;ltimo t&eacute;rmino, en orden a indicar que esas competencias de inferior nivel son normalmente no suficientes para la realizaci&oacute;n de cualquier trabajo en las organizaciones pero aparecen en combinaci&oacute;n con otras cualidades. Ejemplos de subcompetencias son la competencia de usar el software de procesamiento de textos, competencia de entrevistar, competencia de liderazgo b&aacute;sico. Algunas a menudo se aprenden en situaciones escolares tambi&eacute;n, pero requieren t&eacute;cnicas orientadas a la pr&aacute;ctica, tales como ejercicios, trabajos y pr&aacute;cticas externas.</p><p align="justify">Las competencias tambi&eacute;n deben distinguirse de las aptitudes [<em>abilities</em>], rasgos de personalidad y otras caracter&iacute;sticas m&aacute;s estables de los individuos. Tales disposiciones pueden verse como la base por la que los individuos aprenden conocimientos, habilidades y actitudes, as&iacute; como competencias y subcompetencias. Pero puesto que el proceso de aprendizaje tambi&eacute;n depende de factores situacionales y temporales, las disposiciones no deben equipararse con esas cualidades aprendidas. La principal relaci&oacute;n entre todos estos conceptos es m&aacute;s f&aacute;cil comunicar con la imagen del templo griego mostrada en la Figura 1.</p><p align="justify">Una cuesti&oacute;n importante es c&oacute;mo se relacionan las competencias con la ejecuci&oacute;n o el desempe&ntilde;o. Mientras que la presencia de un nivel alto de competencia es un prerrequisito para la buena ejecuci&oacute;n, ello no <em>garantiza </em>la adecuada ejecuci&oacute;n. Est&aacute; claro a partir de una extensa literatura sobre la ejecuci&oacute;n o el desempe&ntilde;o (por ejemplo, Roe, 1999a; Matthews <em>et al.,</em> 2000) que hay diversos factores personales y situacionales que tienen influencia sobre la forma en que act&uacute;an los individuos. Los factores personales incluyen la motivaci&oacute;n, el estado energ&eacute;tico y el nivel de vitalidad. Los factores situacionales comprenden condiciones t&eacute;cnicas tales como disponibilidad de instrumentos, informaci&oacute;n y recursos, y condiciones sociales tales como apoyo social, liderazgo, y capacidad de gesti&oacute;n. En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, una persona que es competente para ejecutar una determinada funci&oacute;n puede no siempre realizarla bien debido a ausencia de motivaci&oacute;n, fatiga, enfermedad o debido a ausencia de equipamiento apropiado, ausencia de datos relevantes, liderazgo deficiente, etc. En otras palabras, la competencia es necesaria pero no suficiente como condici&oacute;n para la actuaci&oacute;n.</p><p align="justify">El modelo arquitect&oacute;nico de competencias presentado aqu&iacute;, dise&ntilde;ado para ser aplicado a cualquier ocupaci&oacute;n, puede ayudar a responder a la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo delinear las cualificaciones que deben tener los psic&oacute;logos. Una opci&oacute;n es centrarse en los ingredientes a partir de los cuales se construyen las competencias, esto es, conocimientos, habilidades y actitudes, as&iacute; como subcompetencias. Estas cualidades se obtienen a lo largo de la educaci&oacute;n del estudiante de psicolog&iacute;a. Los conocimientos pertenecen a las diversas teor&iacute;as y datos emp&iacute;ricos producidos en los diferentes campos de la psicolog&iacute;a. </p><p align="justify">Las habilidades se aplican a la comunicaci&oacute;n oral o escrita, observaci&oacute;n y escucha, an&aacute;lisis de problemas, aplicaci&oacute;n de m&eacute;todos estad&iacute;sticos, uso de programas de ordenador, etc. Las actitudes se relacionan con la precisi&oacute;n, integridad, autocr&iacute;tica, obligaciones, responsabilidad, respeto y tolerancia con los dem&aacute;s, conciencia &eacute;tica, orientaci&oacute;n al servicio, etc. Las subcompetencias son m&aacute;s amplias &ndash;en el sentido de que abovedan e integran conocimientos, habilidades y actitudes- pero son tambi&eacute;n m&aacute;s espec&iacute;ficas. Se relacionan con el cumplimiento de tales funciones ocupacionales b&aacute;sicas tales como administrar tests, llevar a cabo entrevistas, aplicar t&eacute;cnicas de grupo y buscar documentaci&oacute;n. Otra opci&oacute;n es considerar las competencias necesarias para completar los roles profesionales del psic&oacute;logo, sea en el momento de comenzar a trabajar o en alguna etapa posterior. Debido a que las competencias son espec&iacute;ficas, es necesario diferenciar entre las especialidades y tener en cuenta el contexto ocupacional (sistema escolar, consultor&iacute;a de empresa, sistema p&uacute;blico de salud), el tipo de cliente (ni&ntilde;o, estudiante, esposa, jefe), la clase de problema (desarrollo invidual, prevenci&oacute;n de enfermedad, resoluci&oacute;n de conflicto), etc. Esto significa que cada especialidad debe ser descrita en sus propios t&eacute;rminos. Si las especialidades tienen elementos en com&uacute;n, esto se demostrar&iacute;a cuando se siga este procedimiento.</p><p align="justify">Si volvemos atr&aacute;s a la cuesti&oacute;n de los modelos de <em>input</em> <em>versus</em> los de <em>output</em>, se pueden hacer cuatro observaciones. Primero, los modelos de <em>output</em> se dirigen al nivel de competencias y/o subcompetencias. En un sistema como el <em>National Occupational Standards</em> (NOS) para la Psicolog&iacute;a Aplicada (BPS, 2001), que probablemente representa el m&aacute;s pertinente ejemplo de modelos de <em>output</em>, el &eacute;nfasis parece no estar en las competencias sino m&aacute;s bien en las subcompetencias necesarias. El NOS especifica un rango de funciones gen&eacute;ricas de trabajo que los psic&oacute;logos deben ser capaces de conseguir, incluyendo: "Establecer contacto con los clientes", "proporcionar consejo psicol&oacute;gico para ayudar en la soluci&oacute;n de problemas y toma de decisiones", "preparar evidencia psicol&oacute;gica y producir informes", y "valorar los resultados de la evaluaci&oacute;n". El sistema describe las competencias de tal modo que se generalizan entre contextos de trabajo y deja fuera las demandas de las situaciones particulares. Segundo, los modelos de <em>input</em> parecen focalizarse principalmente en los conocimientos y habilidades que especifican lo que el psic&oacute;logo debe saber y ser capaz de hacer en t&eacute;rminos del curriculum educativo al que debe haber sido expuesto, con respecto al tiempo usado para el estudio. Sin embargo, el modelo de referencia de ENOP y el modelo EuroPsyT hacen una referencia indirecta a las subcompetencias, requiriendo un proyecto de investigaci&oacute;n y un trabajo pr&aacute;ctico durante las pr&aacute;cticas externas [<em>internship</em>]<em>. </em>Tercero, las relaciones entre los dos tipos 